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Cayendo bajo en Nuevo México (y Salamanca) mayo 15, 2012

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“Cayendo bajo”, “echándose a perder”, “derrumbándose”, “hundiéndose”. No se me ocurren mejores o más exactas traducciones para Breaking Bad, una magnífica serie emitida por la AMC que espera su quinta temporada. A diferencia de su personaje principal, Walter White, cuya degradación moral vemos capítulo tras capítulo, la serie mantiene un nivel excelente desde el primer episodio hasta el último emitido, cuyo final me dejó impactada en el sofá, a pesar de que, una vez digerido, encaja como perfectamente lógico.

Breaking Bad cuenta la historia de un pobre hombre, profesor de química en un instituto por las mañanas y limpiador de coches por las tardes, con una vida anodina y una familia a la que mantener al que un día diagnostican un cáncer prácticamente incurable. Ese hecho es el detonante para que Walter, sin nada que perder, decida emplear sus conocimientos de química para fabricar drogas y dejar así dinero a su familia (hay un bebé en camino y su otro hijo tiene una discapacidad).

Como es lógico, al principio todo son meteduras de pata por su desconocimiento del mundo de las drogas, lo que provoca en el espectador algunas risas en la primera temporada. Pero cuando has sido una persona gris toda tu vida y descubres que eres mejor que los demás haciendo algo (en este caso, “cocinar” drogas sintéticas), es muy difícil no abrazar esa nueva vida con ganas. Walter es listo, aprende rápido y se mimetiza con el nuevo mundo en el que ha entrado, convirtiendo esta “dramedia” cada vez más en drama y menos en comedia. Al revés que otras series, en las que los personajes tienen una personalidad definida a la que nos aferramos mientras evoluciona la trama, en Breaking Bad lo que vemos es evolucionar al personaje (en cierto sentido “crecer”, aunque sea degradándose), a cuyo alrededor se desarrolla una trama.

La historia podría parecer increíble, pero como solemos defender en este blog, la ficción siempre es superada por la realidad. Dado el éxito que está teniendo Breaking Bad, me sorprende que no se haya recordado el caso de un profesor de Química de la Universidad de Salamanca que hizo su mismo camino. Detenido dos veces, la primera vez trabajaba con un treintañero que distribuía la droga. La segunda, trabajaba para una mafia más organizada. Hasta en eso se parece el profesor salmantino al profesor White.

Así pues, si los guionistas de Breaking Bad se quedan sin ideas (cosa que dudo, ya que el nivel es excelente), deben saber que, para próximas temporadas, pueden descubrir y detener al Sr. White, condenarle a tres años de cárcel, expulsarle del instituto y, años después, que vuelva a ser detenido en pleno proceso de fabricación, para alegar que esta vez lo hace por el despecho de lo mal que lo trató la sociedad en la primera ocasión en que fue descubierto (argumento que encajaría perfectamente en la boca de Walter White, por cierto). El País contaba las dos detenciones del “profesor White” salmantino en 1995 y 2003.

Homeland: cuando nada es lo que parece mayo 10, 2012

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La pasada temporada televisiva de otoño en EEUU trajo muchas novedades en series, pero la mayor parte de ellas acabaron en el cajón de las canceladas, algunas sin llegar a acabar la temporada (The Playboy Club, Pan Am, Prime Suspect, etc). No es el caso de Homeland. Tuvo gran éxito de audiencia (el mejor estreno y el mejor cierre de una primera temporada de la historia de Showtime, según recoge Wikipedia) y de crítica, ofreció una primera temporada impresionante y pronto volverá con una segunda.

Los blogs de series empezaron a vibrar con Homeland nada más estrenarla. Pero el plantemiento no me resultó atractivo: los personajes eran un héroe de guerra que vuelve a EEUU tras ocho años en Afganistán y una Agente de la CIA con problemas psicológicos obsesionada con él. Lo mínimo que se me ocurría pensar sobre ella era que se trataba de un thriler para mayor gloria del patriotismo norteamericano.

Pero, como les ocurre a sus personajes, en Homeland nada es lo que parece. Cuando mis otras series del momento acabaron, me animé a darme una panzada de fin de semana con la temporada completa. Ahora cuento los días para que estrenen la temporada 2.

Los primeros capítulos son un calmado estudio de los problemas de adaptación a la sociedad de alguien que ha estado secuestrado años: la reconstrucción de la relación con su familia, las dudas de quienes le rodean sorbe cómo relacionarse con él, su propio sentimiento de incomprensión. Al mismo tiempo, nos muestra a una mujer fuerte y débil al mismo tiempo, una agente de la CIA antisocial con claros problemas psicológicos pero indestructible voluntad de servicio a su país.

Cuando decidí que estaba ante una serie psicológica muy bien hecha y mejor interpretada, descubrí, sin darme cuenta de en qué momento había ocurrido la transición, que en realidad lo que estaba viendo era un thriler trepidante de los que me hace abrazar el cojín del sofá en tensión durante 45 minutos por capítulo.

Al concluir la temporada supe que el espectador estadounidense medio que imagino viendo series de soldados (irreflexivo, patriota y admirador de NCIS), no debe ser tampoco lo que me parece, si ha sido capaz de ver Homeland y plantearse al menos la mitad de las preguntas que la serie te genera según la ves.

Que nadie lo pase mal febrero 3, 2012

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Durante un tiempo, me entretuve escribiendo un libro, que jamás vio la luz, que solía definir cuando me preguntaban “como El Ala Oeste de la Casa Blanca pero visto desde el punto de vista más cínico, de una persona apasionada por la política pero desencantada”. Luego vi la serie The Thick of It y pensé que, en fin, es imposible inventar nada…

El caso es que estos días he recordado mucho el capitulito, comienzo del fin de la novela, en que el líder del partido progresista (Laboristas, los llamo) se dirije a sus bases en el mitin final de unas primarias celebradas mientras aún están en el Gobierno y encarando las elecciones generales. Puse en ese capítulo mucho de mis reflexiones sobre lo que era ser progresista, pero estos días más que por eso lo recuerdo por el párrafo final. Me temo que los candidatos oficiales del 38 Congreso me hacen pensar más en ese último párrafo que en el resto.

Copio aquí ese capitulillo suelto porque viene al pelo de la actualidad y también para reivindicar que la idea fuerza del discurso, “que nadie lo pase mal”, está escrita hace bastante más de un año, ya que he observado que mi lector más incondicional la ha plagiado vilmente en una publicación seria ¡Y en mayúsculas! (tómese la crítica con cariño).

Último cartucho

Mis asesores me han dicho que no me muestre derrotado, que no reconozca errores y que no mencione a mi oponente por su nombre. Mis asesores me han dicho que tengo que mostrarme como un líder fuerte, seguro de sí mismo. Mis asesores me han dicho que gesticule, para no parecer demasiado hierático, pero que no gesticule demasiado, para no parecer nervioso.

Pero ¿sabéis una cosa? Estoy harto de mis asesores de imagen. Esto no es un concurso de la tele. Esto es la máxima expresión de la política y la política se hace con ideas, no con segundos en el telediario.

Y aquí estamos, en este salón de actos, un candidato, un hombre que ha dedicado su vida al partido y al servicio público, y siete mil militantes. Siete mil personas con ideales, con integridad, con convicciones y solidarias. Siete mil personas afiliadas a un partido político en estos tiempos de individualismo egoísta. Siete mil personas que, a pesar de sus problemas diarios, sus trabajos, sus sinsabores, sacan tiempo, esfuerzo y energía para ayudar a construir un país, a través de la máxima expresión de la solidaridad y la convivencia en sociedad que es la democracia, y que no podría existir sin los partidos políticos y los militantes que los integran.

Sois voluntarios de las ONG más importantes de la democracia y, sin embargo, lo sé, cada día tenéis más difícil mostrar con orgullo vuestra afiliación porque nosotros, los que nos dedicamos a esto a tiempo completo, no estamos a la altura de las expectativas. Estamos más preocupados de ganar, de ser candidatos, de salir bien en los titulares, de tener muchos minutos de televisión, que de arreglar el mundo. Porque a veces nos olvidamos de que nuestro verdadero único objetivo es intentar arreglar el mundo entre todos, los militantes de base y aquellos a los que nos aupáis para que dediquemos nuestra vida a intentar plasmar vuestros ideales. Porque no nos engañemos: arreglar el mundo requiere tener ideales. No hay soluciones mágicas neutras.

Y, en cambio, aquí estamos, vosotros y yo, dedicando esta tarde de sábado a escribir quizá otra página de la historia de nuestro país. No nos equivoquemos: en política, todas las grandes decisiones dependen de todas las pequeñas decisiones individuales que se tomaron antes. De todos los que arrimaron el hombro, pensaron y apostaron por una opción o por otra.

Si hoy os gusta lo que veis en mí y confiáis de nuevo en mí, y mañana me dais vuestro apoyo frente al candidato Lucero, estaréis escribiendo una página de la historia de España. Con vuestro voto estaréis garantizando la reelección de un presidente del Gobierno laborista.

En este atípico discurso del candidato Romedales la mención a la posibilidad de ganar de nuevo el gobierno había sido la señal que los siete mil asistentes al último mitin antes de las primarias estaban esperando para poder descargar su emoción y adrenalina en aplausos.

Gracias. Gracias. Shhh. No aplaudáis todavía…. Pero lo importante no es ganar. Es saber para qué se gana. Yo tengo un proyecto de España. Soy laborista, y como laborista creo que nuestro país debe ayudar más a los más débiles para que seamos un país más solidario y justo, donde nadie lo pase mal.

“Nadie lo pase mal”. Suena grandilocuente, o naif, pero es la verdad. Mis asesores me han dicho que no debo hablar en negativo, pero me da igual. Ese debería ser nuestro objetivo: que nadie lo pase mal. Que nadie tenga un trabajo indigno, que a nadie se le cierren puertas, que nadie reciba un trato injusto, que nadie que necesite ayuda se encuentre solo. La sociedad existe para que, entre todos, consigamos que nadie lo pase mal. Todo lo demás es accesorio. Creo que todos estamos de acuerdo en eso. El candidato Lucero también lo está. Pero podemos diferir en el qué hacer para conseguir ese elevado objetivo que nos hace a los laboristas mejores personas que a los demás.

¿Y qué hay que hacer para que nadie lo pase mal? Yo creo que hay que defender hasta la muerte la igualdad de oportunidades para todos y proteger a los débiles, pero también tenemos que saber que proteger a los débiles no es atacar a los fuertes. Ya no hay una dicotomía entre obrero y empresario. Estamos en el siglo XXI, los empresarios no son el enemigo, sino el aliado que puede hacer que nuestro país crezca, que ganemos en bienestar, que tengamos buenos empleos, que tengamos un auténtico Estado del Bienestar. El capitalismo no es malo. Necesitamos que todos tengamos las mismas oportunidades de triunfar en él. Lo que es malo es el sometimiento irreflexivo e impotente al capitalismo. El laborismo debe utilizar el capitalismo a su favor para conseguir su objetivo. Nuestro objetivo no es crecer por crecer. Nuestro objetivo es que todo el mundo viva mejor. Para eso es necesario crecer y por eso estamos a favor del crecimiento. Pero no al revés.

Romedales esperaba en este momento otra ronda de aplausos, pero sus siete mil seguidores se habían distraído en el laberinto de palabras y nadie cogió el guante. Estaban, quizá, demasiado cansados después de horas en autobuses que les habían traído de toda España. Mateo Arcos, el jefe de campaña, había conseguido un lleno absoluto a base de esfuerzo e insistencia. Sólo le había faltado conducir él mismo los autocares.

Yo no he oído al candidato Lucero haciendo estas reflexiones. Sólo sé que tenemos los mismos objetivos, y en cambio él quiere ser candidato en lugar de mí a sólo tres meses de las elecciones y eso, vosotros que estáis aquí lo sabéis bien, es un gran riesgo. No se puede cambiar de caballo en mitad de la carrera.

Entones ¿por qué quiere presentarse? Le he estado dando muchas vueltas a los motivos de Lucero, porque a mí todo lo que ocurre en el partido me preocupa, yo necesito entender.

No creo que sea ego personal, no. Nadie da este paso sólo por ego, creo yo.

Creo que Julián Lucero está decepcionado. Está decepcionado conmigo. No he hecho todo lo que queríamos hacer en la primera legislatura laborista. Es cierto. Yo también lo pienso. Yo también quiero hacer más. Yo también, como todos vosotros, quería una ley de educación sexual, una baja por maternidad de un año, quería muchas cosas.

Pero gobernar es mucho más que conseguir eso. Gobernar es sacar adelante un país, un país en el que hay muchas sensibilidades y todas ellas están representadas en el Parlamento, y con todas hay que negociar, ceder o estar firme, dependiendo del momento. Gobernar es tomar decisiones. Y a veces un gran gobernante tiene que tomar decisiones que no le gustan. Y es verdad que gobernar es difícil, que no siempre se consigue lo que se quiere, pero no es menos cierto que cada día de gobierno se puede hacer mucho más para mejorar la vida de muchas más personas que de cualquier otra manera.

Por eso lo que os pido no es que me votéis a mí mañana frente a Lucero porque lo voy a hacer mejor. Yo lo que necesito es que os dejéis la piel en la próxima campaña de las elecciones generales porque, sea quien sea el candidato laborista, necesitamos una mayoría fuerte, que nos permita llevar a cabo nuestro proyecto.

No es una cuestión de nombres, no es una cuestión de imagen, no es una cuestión de liderazgo. Es una cuestión de lo que vosotros, como laboristas, podéis hacer por vuestro país. Ya sabéis cuál es mi programa. Si queréis que lo llevemos a cabo, no necesito que me votéis mañana. Necesito que arrasemos dentro de tres meses. Y lo vamos a conseguir. Con vuestra ayuda lo vamos a conseguir. Vamos a construir ese país en el que nadie lo pase mal. Vais a construirlo vosotros. Apostando mañana por mí estaréis apostando por ese camino. Os necesito. España os necesita. Muchas gracias.

La ovación retumbó en todo el edificio. Siete mil personas a las que de repente les habían hablado con humildad, con sinceridad y, al mismo tiempo, con ilusión y energía no podían parar de aplaudir. Les habían llamado a construir grandes proyectos y estaban dispuestos a hacerlo.

En la segunda fila, al lado de la mesa de uno de los técnicos de sonido, su asesesora Cristina también aplaudía con ganas. Su jefe había dicho exactamente lo que ella le había dicho que tenía que decir.

¿Y ahora qué? noviembre 22, 2011

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Antes de volver a los temas habituales de este blog, unas últimas reflexiones construidas sobre la resaca del 20N. Me ha salido un post muy largo, pero si alguien es capaz de leerlo hasta el final, son muy bienvenidos los comentarios. Hay que empezar a pensar.

Quiénes somos

Creo que ya no hay izquierda y derecha como las solíamos entender. Como he hablado con bastante gente últimamente, es una falacia pensar en la política actual en términos de lucha de clases. Gente de clase media-alta llora la derrota del PSOE mientras trabajadores sin cualificación y en paro celebran la victoria del PP. Debemos olvidarnos de esa clásica distinción.

Tampoco creo que la diferencia se deba a que unos quieren avanzar, hacer cambios, progresar, y los otros quedarse como están, conservar las tradiciones, no cambiar. El PP ha ganado estas elecciones apostando por “el cambio”, y ahora el colmo de la progresía es mantener las esencias de las tradiciones folclóricas regionales. Y aunque aquí derecha e iglesia y tradición vayan de la mano, la economía liberal de la derecha que nos ha llevado al borde del abismo es de todo menos conservadora.

Con estos razonamientos, parece uno tentado de decir que derecha e izquierda no existen, pero algo en lo profundo del corazón me dice que es mentira. La derecha y la izquierda “no son lo mismo”, como rezaba el eslogan electoral de Rubalcaba. Claro que, ¿en qué se diferencian?

El pensador estadounidense George Lakoff establecía la diferencia en la concepción de la familia: algo así como que el padre estricto, que prepara a sus hijos para progresar en una sociedad dura, sería la derecha, y el padre proveedor, que cuida a sus hijos para que vayan creciendo en una sociedad colaborativa, la izquierda.

Sin necesidad de metáforas familiares, para mí la diferencia entre izquierda y derecha es clara. La izquierda cree en el grupo, en la comunidad, y por tanto redistribuye esfuerzos para que avance todo el grupo, sin dejar a nadie atrás. No hace falta negar la individualidad, pero debe progresar el conjunto para que al individuo le vaya bien. En el otro extremo está la derecha. Aunque estoy tentada de decir que son más egoístas o que son malos, en realidad no lo creo. Opino que simplemente creen que la forma de mejorar es distinta. Pienso que la derecha cree más en la capacidad de arrastre de los individuos. Si uno despunta, tirará, más o menos, de los demás. Con lo cual la forma de que al final la situación mejore es impulsar a unos pocos.

Me parece que, incluso pensando (espero que no sea mucho suponer) que ambos quieren al final lo mismo (el progreso de todos) es más justa la primera de las posiciones, porque hay menos riesgo de dejar colgado a alguien, de que si no consigues tu máximo no haya gente que se quede atrás.

Adónde vamos

Establecido, por tanto, que la izquierda existe y que es más justa, y por eso mi apuesta, la siguiente pregunta es ¿por qué se ha descalabrado en las últimas elecciones? En primer lugar hay que reconocer que hay muchas más izquierdas que la representada por el PSOE y que muchas de ellas crecieron el 20N. El problema es que sólo hay prácticamente una derecha, así que, si queremos que la izquierda tenga capacidad de influir en nuestras vidas, capacidad de Gobierno, yo apuesto por un partido de izquierdas fuerte con capacidad de ganarle las elecciones al partido único de la derecha, y no por 20 minipartidos que lo único que harán son buenos eslóganes cuando una vez cada dos meses les permitan salir en el telediario.

Para que esa afirmación no sea una “aberración bipartidista”, debe ir acompañada de dos premisas:

· La primera, que el PSOE vuelva a conectar con la gente, se abra, baje del pedestal, mire a lo que la gente necesita ahora y deje de mirar a su pasado y de dar las cosas por supuestas.
· La segunda premisa es que las personas que se consideran de izquierdas renuncien a los máximos. A todos nos gustaría que toda la energía de España fuera no contaminante, pero si tienes que gobernar y aprobar las tarifas de la luz y hacer convenios energéticos con otros países y alimentar a la cuenca minera, no puedes prometerlo. Ahora, que si sabes positivamente que jamás tendrás que tomar esa decisión, claro que puedes ponerlo como punto fundamental de un programa electoral. Pero creo que los electores deben ser responsables y saber qué se puede y no se puede hacer, y que desde el punto de vista de la izquierda siempre será mejor un gobierno que pone un “bono social” aunque su energía contamine que otro que contamina igualmente pero sin bono social, por ejemplo.

Cómo andar ese camino

Comencé diciendo que la lucha de clases ya no existe. Otros leit motiv de la izquierda, como la defensa a ultranza de los trabajadores públicos o la lucha sindical son cosas que calan en sus colectivos clásicos, pero que al común de la ciudadanía creo que en realidad no le importan. Estoy segura de que muchísimos padres agradecen como una garantía de igualdad de oportunidades y un importante beneficio social poder llevar a sus niños a un colegio concertado verdaderamente gratuito, y la defensa de la escuela pública les parece una anécdota de progres trasnochados. Y puede que no les falte razón. Pero ¿podría abrir el PSOE este debate?

En la actualidad, no lo creo. En el minuto uno que alguien propusiera en la Ejecutiva o donde correspondiera algo así, tres correligionarios de los que lucharon contra Franco irían indignados a contárselo a su periodista de cabecera, de la misma generación, que titularía algo así como “El PSOE abandona a la escuela pública” lo cual pondría nerviosos a los sindicatos, funcionarios y bases clásicas hasta que, tres días después, el secretario general pusiera paz diciendo “tranquilos, el PSOE no se plantea promocionar la escuela concertada” (aunque la crearan ellos).

Pero el debate es necesario. No sé si en concreto éste u otro similar, pero lo que está claro es que la sociedad no tiene las mismas prioridades de los que lucharon contra Franco. Los que no recuerdan a Franco ya tienen 40 años, y los que ahora somos treintañeros directamente nacimos con la democracia. Nuestros miedos y nuestros anhelos son distintos y el PSOE se tiene que enterar. ¿Cómo?

Plan estratégico

El PSOE es una organización con decenas de miles de socios, miles de trabajadores, tanto voluntarios como asalariados, importantes bienes inmuebles y presupuestos millonarios. Me pregunto si tiene, como cualquier compañía de esa dimensión, un plan estratégico. Porque no se trata sólo de ganar elecciones, se trata de ser una organización potente. Una maquinaria engrasada de la que vive mucha gente y que cada dos años tiene que rendir cuentas ante votantes, como otras compañías lo hacen ante sus accionistas o los inversores.

¿Han hecho un análisis de sus Amenazas, Fortalezas y Oportunidades como organización, no de cara a unas elecciones concretas? ¿Tienen establecido un plan de marketing por objetivos a largo plazo? Las conclusiones de su última conferencia política, ¿son sólo declaraciones de intenciones ideológicas y base para sucesivos programas electorales o incluyen también su plan estratégico para el desarrollo de la organización como tal?

Suena frío contarlo como si se tratara de una empresa, pero tratar la gestión interna de manera eficiente no debe hacer de menos a la ideología. Una cosa es lo que defiendes y otra cosa es cómo te organizas para poder defenderlo. No hay mayor labor social que la que desarrollan las grandes ONG, y ninguna serían ni la mitad de lo que son sin una gestión profesional y unos buenos equipos de marketing y captación de fondos. ¿Por qué eso está todavía mal visto en los partidos políticos?

Y todo esto lo digo porque, en una organización, el primer paso para construir todo lo demás es la captación de socios, y siempre me he preguntado una cosa: ¿Qué hace el PSOE por la captación de socios? He estado toda la vida rodeada por miembros y simpatizantes de ese partido y nunca llegué a afiliarme porque veía las agrupaciones como clubs cerrados en los que yo estaba fuera de lugar.

¿Por qué Telefónica, que sólo vende líneas de teléfono, gasta ingentes cantidades de energía en que te sientas parte del “equipo azul” y un partido que realmente te está vendiendo pertenencia activa a un grupo, a la sociedad, no tiene esa prioridad?

Tenemos todo el tiempo del mundo para repensar el PSOE, así que mi apuesta es que, para empezar, el PSOE tiene que centrarse en la captación de socios. Tiene que abrir una campaña de marketing brutal, con anuncios de televisión incluidos, eventos ex profeso y jornadas de puertas abiertas, para captar afiliados (sugiero a Sra. Rushmore, cuyos anuncios para la captación de socios del Atlético de Madrid serían fácilmente adaptables en estos momentos).

Como me comentaba uno de mis lectores habituales, es hora de abandonar el “modelo heroico” de militancia, hacerla más banal y accesible.

Eso cuesta dinero, pero si realmente se consigue incrementar los socios de cuota puede compensar y, sobre todo, abriría el partido a la sociedad. Serían todo beneficios, especialmente para la imagen del partido, que mostraría que se acuerda de sus votantes también fuera de las elecciones. Asimismo, se reforzaría el sentimiento de pertenencia para los desencantados, llenaría el partido de sangre fresca y contribuiría al prestigio de marca puesto que sería una campaña sólo para eso, no para pedir el voto como las habituales.

Masa crítica

Una clásica queja de los afiliados de base es que “el aparato” sólo les usa para rellenar mítines, y no cuenta con ellos para nada más. El aparato no es sólo Ferraz, el aparato es también los que manejan el cotarro en cada agrupación local. Pero si de repente una agrupación pasa de tener 300 afiliados, de los cuales 30 van a las reuniones, a tener 3.000, ¿cómo va a conseguir el aparato local de turno seguir manejando la agrupación, si sólo cuenta con sus 20 votos seguros de siempre?

El 15M (y los actuales anuncios de Telefónica, por cierto) ha demostrado que a la gente le encanta participar en asambleas. No se puede gobernar un país con asambleas, pero sí una agrupación local. En el fondo, todo ese potencial del 15M podría aprovecharse muy bien si conseguimos seducirles para que sus opiniones sirvan para alimentar de ideas a un partido, y no sólo para organizar manifestaciones.

Así, de abajo arriba, pero no porque se quita a la familia A para poner a la familia B sino porque hay tanta gente que es difícil identificar familias, el partido sería renovado. Pero lo que es más importante, habría masa crítica para encontrar nuevos líderes.

En la actualidad, los partidos políticos están mal vistos por una inmensa mayoría de los ciudadanos. Incluso gente activa que vota en las elecciones, ven a los afiliados como gente que se mete en el partido para conseguir un puesto, un trabajo. Y no falta razón si tenemos en cuenta la proporción de puestos de trabajo que se mueven alrededor de la política y la gestión administrativa: puestos remunerados en el partido, concejalías, asesorías, diputaciones, diputados, senadores… Y todo esto hay que cubrirlo sólo con en torno a los 360.000 socialistas de carné.No es de extrañar que la gente piense que estar en un partido tiene fines más allá de los que supone estar en una ONG, cuando en el fondo para mí son la misma cosa: organizaciones sin fines de lucro pero bien estructuradas cuyo objetivo es hacer la vida mejor a los demás.

Pero si el PSOE consiguiera dos millones y medio de afiliados en lugar de los 360.000 miembros con carné actuales, sería obvio que estar en el PSOE no supone en absoluto posibilidad de mejorar tus perspectivas laborales. Nadie sospecharía de los afiliados, los potenciales chorizos que se meten en un partido para medrar se desanimarían y habría una masa crítica mucho mayor para encontrar a los verdaderamente adecuados para cubrir esos necesarios puestos remunerados en el partido, concejalías, asesorías, diputaciones, diputados, senadores…

En definitiva, creo que la solución es esa: no abrir el PSOE a la sociedad, sino meter a la sociedad en el PSOE a través de centrar los esfuerzos de los próximos años en la captación de socios como haría cualquier gran compañía. Y sólo entonces, dentro de algunos años, con nuevas ideas, nuevas inquietudes, nueva gente, tendría sentido un verdadero congreso fundacional en el que el PSOE elija su nuevo camino, el camino de la socialdemocracia en el siglo XXI. En ese camino habrá que renunciar a muchas cosas que hoy pensamos irrenunciables, pero habrá habido tanto debate y tanta gente nueva en el PSOE que los nervios de tres viejos miembros de ejecutiva hablando con la prensa no lo podrían frustrar. El PSOE ya cambió de rumbo una vez, con Felipe. Puede volverlo a hacer, pero con otra gente.

Eso no quiere decir que crea que los actuales miembros del partido no pueden mejorarlo. Tienen la difícil tarea de poner el procedimiento en marcha, priorizar las afiliaciones y la participación social dentro del PSOE, para que los hijos de sus acciones puedan repudiarlos dentro de unos años. ¿Qué mayor generosidad puede haber que esa?

Metrópolis y las conclusiones de mi reflexión noviembre 19, 2011

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Llevo en mi iPhone, entre otras muchas canciones, la banda sonora que Giorgio Moroder produjo para su restauración de Metrópolis de 1984. Cada vez que suena Destruction de Loverboy visualizo claramente las imágenes, azuladas en la versión de Moroder, de la masa enfurecida descargando sus frustraciones contra una organización de la vida que explota y maltrata a los trabajadores. La rabia que les provoca esa sociedad injusta les impulsa hacia un psicológicamente liberador ánimo destructor que les impide darse cuenta de que con sus acciones no sólo están destruyendo sus medios de subsistencia, sino anegando sus hogares y ahogando a sus hijos.

Cuando esta mañana ha sonado Destruction mientras leía en el metro los comentarios en twitter en que reflexivos votantes pedían el voto para los pequeños partidos emergentes de izquierdas “para que el PSOE aprenda la lección” las dos escenas se han mezclado en mi pensamiento. Con todo lo que el PSOE necesita una profunda reflexión, ¿no es anegar nuestros hogares escarmentarles entregando una mayoría absolutísima a los conservadores defensores de la economía liberal justo en el momento en que más fuerza necesita tener la sociedad y el estado del bienestar frente al apetito insaciable de los poderes económicos?

Es cierto que en Metropolis, al final, tanta destrucción conduce a que surja el necesario mediador entre explotados y explotadores que, es de esperar, permita mitigar las diferencias. Pero no es más que una película de la que su propio director, Fritz Lang, acabó distanciándose por contener un mensaje “demasiado simplista” (y según muchos próximo al nazismo aunque, sinceramente, yo no acabo de ver por qué). Un escarmiento del PSOE lo único que conseguirá es que el PP esté crecidísimo y pueda hacer y deshacer sin pactar ni con su padre. Por no decir que la probable guerra fratricida que se abrirá en el PSOE si se hunde electoralmente lo alejará de las posibilidades de gobernar durante bastantes legislaturas.

Cuando los que mañana voten a la “verdadera izquierda” salgan a la calle en la primera manifestación contra el PP, no por los recortes (que serían necesarios gobernase quien gobernase) sino para protestar por la restricción de otros derechos sin coste como los matrimonios para todo tipo de parejas o la posibilidad de que la mujer disponga de su propio cuerpo para decidir si gestar o no un óvulo fecundado, espero que se acuerden de lo puros que fueron y estén orgullosos de sí mismos.

Ídeología y corazón noviembre 9, 2011

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La ideología está tan difuminada que este vídeo del PP bien podría valerle a cualqueir otro partido

El día del debate entre Rajoy y Rubalcaba, Muy interesante difundió en twitter un estudio que sostiene que las personas de derechas y de izquierdas desarrollan distintas zonas del cerebro. Los científicos explicaban que las personas de derechas tienen mayor la parte dedicada al control de las emociones (la amígdala), y las de izquierdas la de la toma de decisiones y la anticipación (la corteza cingulada anterior), según habían comprobado con resonancias magnéticas. Cuando lo leí no pude evitar preguntarme una cosa: al hacer el estudio, ¿cómo sabían quién era de derechas y quién de izquierdas?

Y es que esto de la ideología está cada vez más difuminado, aunque gran parte de la campaña de Rubalcaba se centre en recordar que existe la izquierda y la derecha, y que, sabiendo esto, hay que pelear por lo que se quiere. Defensa sorprendentemente compatible con que otros partidos minoritarios dedique parte de sus esfuerzos a decir que el PSOE es la derecha…

En los vídeos de propaganda electoral que los partidos emiten gratuitamente hay uno en el que aparecen gentes sosteniendo en la calle distintos carteles reivindicativos que dicen cosas como “quiero un empleo estable”, “una educación de calidad para nuestros hijos”, “que gobiernen para todos”, “igualdad real de oportunidades”, “que aseguren mi pensión”, “que tener un hijo no sea un problema laboral”… Los adjetivos “de calidad” y “real”, deberían haberme puesto sobre aviso, pero lo cierto es que estaba distraída y cuando concluyó con el “Súmate al cambio, vota PP” pegué un respingo en el sofá. La derecha ha fagocitado como mensajes prioritarios (los de un spot de 60 segundos) ideas que siempre consideré propias de la socialdemocracia.

No es de extrañar. Son buenas ideas. Pero esto significa que el PSOE no puede quedarse dormido. Si la defensa de la igualdad de oportunidades y de los derechos ciudadanos ya no son su patrimonio ¿qué puede ofrecer? Podemos pensar que la derecha miente, que es sólo de boquilla, pero no creo que eso dure mucho tiempo. La derecha se está dando cuenta (más en otros países que en España, pero todo llegará) que cosas como el respeto por los homosexuales o la igualdad real de hombres y mujeres no cuestan dinero y pueden dar sufragios (ahí está la recientemente elegida líder conservadora escocesa, abiertamente lesbiana) y que la igualdad de oportunidades es buena para la economía, por ejemplo.

Sé que siguen siendo cosas distintas, y no será mi acción u omisión la que facilite que gobierne el PP, pero en estos momentos me lo pide más mi corazón que mi cerebro. Debe decirlo también el cerebro si queremos que alguien más que aquellos que tenemos el corazón o la corteza cingulada anterior superdesarrollados apuesten por el PSOE.

Para conseguirlo hay que mirar hacia delante. Reconozcámoslo: la socialdemocracia ya ha ganado. El PP ha comprado el mensaje. Ahora sus listas están llenas de mujeres, piden igualdad real de oportunidades, ¡hasta van a poner una asignatura de Educación para la Ciudadanía! (aunque cambiarán los temarios). En lugar de celebrarlo estamos despistados diciendo que no, que el PP lo dice de mentirijillas. Jugando a los juegos de palabras: la Educación “para todos” es mía, pero la “de calidad” tuya. Basta. Dime qué significa para los individuos y las sociedades la Educación y cuál debe ser su objetivo y ya pensaremos cómo hacerlo posible. Quiero que me den el cristal con el que mirar el mundo a mi alrededor, no las fotos fijas de sus reflejos en los puntos de los que llevamos hablando un siglo. ¿Cómo resolver desde la socialdemocracia del siglo XIX los problemas del siglo XXI? ¿Cómo se compatibilizan la justicia social y la dignidad humana con la economía de multinacionales y mercados globales? Ahí hay mucho que pensar…

Mi tesis es esta, ahora que es obvio que el PSOE va a tener 4, 8 o 12 años para pensar sobre sí mismo: dejemos de lamernos las heridas y de pensar en las palabras que usamos y volvamos a dar sentido simplemente a la palabra progresista. Tenemos que buscar los objetivos de nuestra sociedad primero y las maneras para llevarlos a cabo después. Si encontramos la receta adecuada ya nos copiarán dentro de 20 años y habremos vuelto a ganar, gobierne quien gobierne.

Lo que no podemos volver a permitir es que seamos nosotros los que compremos su mensaje sin darnos cuenta, como ha pasado con la gestión de la salida de la crisis. ¿Desde cuándo es de izquierdas plegarse al mandato de los banqueros e inversores?

PD. Prometo volver pronto a hablar de series de televisión y otras frivolidades, pero es que la campaña electoral me tiene un poco distraída…

A favor y en contra del 15O octubre 16, 2011

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Imagen de la manifestación tomada en la calle Alcalá
Ayer estuve en una manifestación. Y fue muy impresionante. Me alegré de haber ido porque me sentí parte de un movimiento masivo de personas con conciencia de que el mundo se puede y se debe cambiar. Fue una manifestación alegre con algunas consignas imaginativas y, sobre todo, un agradable sentimiento global de hermandad entre las gentes, incentivado por el hecho de que la protesta tuvo eco global, desde Japón a Nueva York pasando por Australia, Roma, Londres e infinidad de ciudades españolas.

¿Qué pide el 15M reconvertido a 15O? Muchas cosas. El periodista Ignacio Escolar lo resumió fantásticamente en siete puntos, pero como contaba Inés Sabanés en un twit que un policía le había explicado a un turista, la gente ayer protestaba “un poco por todo”. Y tienen razón, hay mucho por lo que protestar. Bancos rescatados cuyos ejecutivos siguen ganando en un año lo mismo que otros esforzados trabajadores en una vida, paro en niveles estratosféricos afectando indistintamente a personas formadas y sin formación, recortes en Educación, Sanidad y otros derechos básicos, desahucios por hipotecas irreales brutalmente incentivadas por los bancos hasta ayer… España, Europa, y en general eso que se da en llamar (no sé por qué) “occidente” está deshaciéndose, perdiendo sus esencias, si es que entre éstas está tener un el buen nivel de vida. Para mí, la libertad y el estado de bienestar son dos factores determinantes a la hora de establecer ese “nivel de vida”, y parece que ambas cosas están cada vez más arrinconadas.

Ha sido patético contemplar cómo los últimos dos o tres años un gobierno de izquierdas (moderadas, como todas las izquierdas con capacidad real de gobierno en democracia, pero izquierda al fin y al cabo y sobre todo por comparación) ha tenido que doblegarse a una filosofía ultraliberal (“cuanto menos Estado y menos gasto, mejor para todos”) seguramente por falta de ideas, pero sobre todo por imposición externa de unas entidades supranacionales e informes (eso que llamamos “los mercados”) que se dedican a hacer dinero sin tener en cuenta la ética o las consecuencias a largo plazo, y sus perros con presencia pública (Merkel, BCE, agencias de calificación…).

Yo también protesto contra todo eso y por eso me sentí a gusto en la manifestación. Pero una espina no me deja sentirme plenamente identificada. Ese “no nos representan” tan coreado, está bien si, como decía una cartel que vi, se refiere a que “¿Por qué gobiernan los mercados si nadie les ha votado?”. La toma de conciencia política es fantástica. Caldo de cultivo para revitalizar nuestra convivencia en sociedad, podríamos pensar. Pero me temo que el mensaje no es tan positivo. La gran mayoría de los manifestantes del 15O van mucho más allá. No reivindican unas instituciones democráticas fuertes frente a las injerencias de instituciones no democráticas que al final tienen más poder que las primeras. Reivindican quemar el suelo que pisamos para que, en el futuro, vuelva a salir una hierba más verde y fuerte. Pero si el fuego deja un erial y no vuelve a salir planta alguna parece que les da igual. Lo importante es expulsar la rabia quemando el suelo por donde pisan con la excusa de que hay malas hierbas.

“Nuestra democracia es una dictadura”, llegué a oír. Y, sinceramente, yo no puedo manifestarme al lado de quien piensa, y dice públicamente, eso. Por supuesto que podemos mejorar nuestra democracia. La infrarrepresentación de partidos pequeños (aunque sin olvidar que la gobernabilidad es también un factor importante a tener en cuenta), la falta de cercanía de muchos políticos respecto a la ciudadanía, la escasa participación del común de la sociedad en los partidos políticos y el papel menos que secundario de las bases de militantes son temas en los que por supuesto que hay que trabajar y mejorar. Pero si el 15O decide que nuestra actual democracia y el sistema de partidos no va con ellos y por tanto no hay que mejorarlos sino despreciarlos entonces habremos dejado a nuestra democracia más débil de lo que ya está y tendrán vía libre los mercaderes que se repartirán los despojos de lo que una vez fue un envidiable estado del bienestar construido en tiempo record.

¿Guionistas whovians o product placement? octubre 12, 2011

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Hace unos meses, viendo un capítulo de Criminal Minds, pegué un brinco en la silla cuando el Doctor Reid mencionó (en una charla informal para mostrar el ambiente distendido del avión en el que se desplaza la unidad de análisis de conducta del FBI) que no sé qué película en realidad no es más que una copia de Doctor Who.

(no he encontrado subtítulos, pero las palabras exactas del Doctor Reid en Coda, capítulo de la sexta temporada, son: -First of all, it’s a police box, not a phone booth. Second of all, Doctor Who started a quarter of a century before Bill and Ted even went on their bodacious adventure, so really they should have called it Bill & Ted’s Excellent Ripoff)

Como buena fan, me hizo ilusión que una serie tan americana y tan popular como Mentes Criminales mencionara a mi Doctor, la serie de casi 50 años de antigüedad y muy popular en Reino Unido, pero más bien de culto friki en Estados Unidos, creo yo. El Doctor Reid está caracterizado como un tipo un poco friki/geek, o sea que la cita era un guiño que contribuía a la construcción del personaje. “Algún guionista whovian ha colado un pequeño homenaje a su serie”, pensé, sin darle más importancia que el placer de que dos de las series que sigo se entrelazaran, aunque fuera con una simple mención (ya saben, los que hayan leído mi post Crossover, que los cruces entre series me encantan).

Pero lo de esta semana ha sido distinto. De nuevo, viendo Criminal Minds, el capítulo Dorado Falls de la séptima temporada, una mención al Doctor: un trabajador de una empresa que ha sido atacada no ha muerto porque estaba de vacaciones en una convención de Doctor Who en San Diego, Rossi dice que es un hombre afortunado y de nuevo Spencer Reid hace honor a su aura friki diciendo que la convención tiene que haber sido fantástica.

En principio, nada inusual, el guinista whovian volviendo a hacer de las suyas, si no fuera porque a través del twitter de frikis reales, no inventados como el Dr. Reid, Blogtor Who me entero de que la semana pasada los guionistas estadounidenses se volvieron locos con Doctor Who: al mencionado capítulo de Criminal Minds hay que sumar todo un capítulo de Anatomia de Grey en el que una de las tramas es la disputa de un paciente y su amigo por conseguir una réplica de la TARDIS (la nave del doctor). Además, en un guiño muy sutil, un personaje de una tercera serie, Supernatural, utiliza como alias Amy Pond, el nombre de la actual compañera del Doctor.

Un festival de menciones a Doctor Who que se convierte en la delicia para los fans… Pero que me parece un poco sospechoso. Una mención está bien, es curiosa. ¿Pero tres en las mismas fechas? Suena más a campaña orquestada que a casualidad, y todos sabemos que el marketing basado en el product placement es mucho más sutil y está mucho más desarrollado en EEUU que lo que podemos ver por aquí (aquel cartón de leche en primer plano en Médico de Familia no tiene nada que ver con que dé la casualidad de que la mayoría de mis personajes favoritos usen Mac sin que prácticamente te puedas dar cuenta…).

Y es que un product placement bien hecho, como éste si fuera tal cosa y no casualidad, no estropea la trama ni es molesto, y además, si es de un producto con el que previamente ya te identificabas, te hace hasta ilusión.

Hace unos meses un directivo de la cadena de cable SyFy de Estados Unidos respondió en twitter a la pregunta de un fan que ya no emitían Doctor Who porque BBC América había estimado más oportuno explotarlo por su cuenta que venderles los derechos. Quizá esta campaña sea un primer paso para algo más… No olvidemos que el primer capítulo de esta última temporada se desarrolló en Estados Unidos y tuvo bastante promoción allí.

El blog de BBC América se hace eco de todas estas menciones a Doctor Who (por supuesto como si no fuera cosa de ellos) y en los comentarios varios lectores expresan sus temores a que si Doctor Who le empieza a gustar a los americanos acaben haciéndolo ellos y cargándoselo… ¡Y me temo que me sumo a ese miedo! Torchwood Miracle Day empezó muy bien pero me acabó decepcionando en su desarrollo… Quiero pensar que si hubiera seguido siendo un producto puramente BBC Wales eso no les habría pasado.

Malcolm Tucker, Sir Humphry y Leo McGarry octubre 6, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Política, Series de televisión.
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Series de televisión, política y comunicación. Tres de los temas que considero “mis pequeñas obsesiones” a las que dedico este blog. Algún día tenía que escribir un post que uniera claramente las tres cosas.

Hace unos días mencionaba la película In The Loop y El Ala Oeste de la Casa Blanca para introducir una reflexión sobre política y medios a raíz de ver la serie sobre periodistas State of Play. Acabo de retirar ese párrafo para traerlo a este post. He visto las tres temporadas existentes de The Thick Of It, la serie de la que surge In The Loop, y he decidido dedicar este post a la que he decidido que es, hasta el momento, La Trilogía de series sobre política y sus interioridades: “Yes, Minister” (y su continuación “Yes, Prime Minister”); “The West Wing” y “The Thick Of It”. Ha habido otras, como la “Señora Presidenta” de Geena Davis, pero no es lo mismo.

Hace un par de años la película In the Loop me hizo reír por los cuatro costados: toma el ambiente “gabinetero” del Ala Oeste de la Casa Blanca y quítale el idealismo, el compañerismo, las personas extremadamente inteligentes y extremadamente nobles y el devenir de las cosas como consecuencia de estrategias planificadas y consensuadas. Obtendrás la comedia ácida In the Loop y la explicación de cómo los británicos acabaron en la Guerra de Irak, a base de chapuzas y estrecheces de miras. Su serie madre, The Thick of It, es mucho mejor. Es aún más mordaz, más ácida, y me ha encantado. El personaje de Malcolm Tucker, claramente reflejo del polémico asesor de prensa de Tony Blair Alistair Campbell, es maravilloso.

Creo que The Thick of It no se entendería si, años antes, la BBC no hubiera emitido Yes, Minister, otra obra maestra de la que ya he hablado en este blog. Es curioso cómo en la serie de los ochenta era el funcionariado, representado por el secretario permanente (¿Subsecretario?) Sir Humphrey, quien mantenía paralizada la acción de los ministros y en a década del 2000 son sus propios directores de comunicación, los spin doctors, quienes impiden a los políticos preocuparse de hacer, realmente, política. Interesante un comentario antiguo, de la época de la dimisión de Campbell, que he encontrado en la web sobre este tema.

Vistas estas dos series, mi adorada El Ala Oeste pienso ahora que se me queda algo corta: ¡sus problemas son demasiado elevados! No se preocupan por si recortar el presupuesto de un hospital sin pacientes les supondría una huelga de funcionarios que paralizaría el país o por si decir a un periodista que el primer ministro es el “mejor hombre para el puesto” se traduce en que todos los medios empiecen a informar de que una mujer se postula como candidata, sino que se preocupan por temas profundos como la paz entre Israel y Palestina o la pena de muerte. En el Ala Oeste el jefe tiene de verdad poder, y la mano oculta que maneja los hilos no es su enemigo (Sir Humphrey o Malcolm Tucker) sino realmente la mano derecha del presidente, el leal, inteligente y gris Leo McGarry. ¿Es realista? ¿Lo permite el presidencialismo estadounidense, o es realmente una representación absolutamente idealizada? ¿Cuánto hay de verdad en el Ala Oeste? ¿Deberíamos mezclar las tres series para tener un reflejo de la política real? Como dice un ex ministro en uno de los contenidos extra de los DVD de The Thick Of It: la política es un poco mezcla de las tres junto con East Enders (un famosísimo y longevo culebrón británico).

Hay un diálogo genial de The Thick of It sobre esta mezcla de realidades: Hablan Nicola, la Ministra de Ciudadanía y Asuntos Sociales (Dios mío, ¿alguien de Moncloa había visto esta serie cuando crearon el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte?) y su asesor Ollie. En el hotel donde se celebra la convención del partido tratan de escribir en minutos un nuevo discurso para la ministra después de que el asesor de comunicación / jefe de gabinete del primer ministro les reventara lo que tenían preparado. Ella está de los nervios y él, en el fondo, está disfrutando el subidón de adrenalina. “¡Esto es política! ¡es como El Ala Oeste!”, le dice, y ella le responde “no eres Josh, Olly, simplemente escribe el jodido discurso!”. Al final Olly se queda murmurando, derrotado, “I fucking am Josh…”. Ese diálogo me pareció tan real… Porque una cosa es cierta: no sé si El Ala Oeste refleja bien la realidad, pero sí tengo claro, por los muchos gabineteros fans que he conocido, que a la realidad le gustaría parecerse al Ala Oeste.

Por cierto, y por poner los puntos sobre las íes, los discursos en The West Wing no los escribía Josh, sino que lo hacían Toby y Sam. 😉

Steve Jobs octubre 6, 2011

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IPod, IPhone, Mac, IPad, Toy Story, Apple, Pixar… Si Steve Jobs no hubiera nacido hace 56 años, el mundo sería distinto a como lo es hoy. Es una lástima que haya fallecido tan tempranamente. Como decía hoy alguien en twitter, si hizo todo eso en 56 años, quién sabe lo que podría haber hecho en los próximos 20. No sé si era o no un genio de la informática, pero desde luego fue un visionario que supo encontrar necesidades del público antes de que supiéramos que las teníamos y cubrir el espacio abierto con aparatos que muchas veces no utilizaban tecnologías innovadoras, pero desde luego sí eran maravillosos, amigables y seductores. Y cuando no estuvo en Apple puso en pie una nueva industria creando la primera película de animación confeccionada íntegramente por ordenador.

Su famosísimo discurso ante una promoción de graduados de Stanford es una muestra concentrada de por qué era un hombre digno de admiración. Este post recordándolo es mi pequeño homenaje.