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Un tipo extraño de tristeza septiembre 11, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Series de televisión, Uncategorized.
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El último capítulo de Doctor Who me hizo llorar.

Hace unos 12 años, cuando estudiaba tercero de carrera con una beca Erasmus en la Universidad de Sussex, leí un artículo de filosofía estética cuyo título nunca he olvidado: A Strange Kind of Sadness. En los últimos días he vuelto a recordarlo: con el vídeo del perro del que hablaba ayer, con el primer capítulo de The Sarah Jane Adventures que mencionaba el otro día, y sobre todo, con el capítulo de hoy de Doctor Who, The Girl Who Waited, que me ha hecho derramar enormes lagrimones.

Mi mala cabeza no me permite recordar cuáles eran las conclusiones de aquel artículo. Sospecho que no debían ser muy concluyentes o que no me convencieron. Lo que nunca he olvidado, y supongo que en los textos de filosofía generalmente el mérito está ahí, es la pregunta que se planteaba: más o menos, que por qué hay cosas que nos ponen tristes y en cambio nos gustan, nos resultan placenteras. La tristeza de verdad no se puede disfrutar lo mires como lo mires, pero ahí están las canciones, las películas, los episodios de series que son “placeres estéticos” que nos ponen tristes y en cambio nos encantan. Nos gusta llorar y nos sentimos mejor después.

Generalmente me cuesta llorar, pero cuando una de esas ficciones conecta conmigo, sólo la vergüenza de que quizá alguien me vea me impide entregarme completamente a la liberación que supone dejarse llevar por las lágrimas. Después te sientes feliz, descansado. ¿Por qué? El llanto libera. Incluso cuando es una situación real la que nos hace llorar, el hecho de llorar nos hace sentir algo mejor después.

Pero el disfrute de ese tipo extraño de tristeza no se debe sólo a la liberación fisiológica de las lágrimas. Hay canciones que, sin llegar a hacernos llorar, nos ponen tristes. No se los demás, pero a mí una canción que me haga eso es muy probable que se ubique entre mis favoritas (me viene a la cabeza Under the bridge, de los Red Hot Chilli Peppers). Así pues, hay algo más. Tiene que haber algo que nos haga disfrutar de la tristeza, al menos de cierto tipo de tristeza, la generada por el arte. Dicen que los masoquistas disfrutan el dolor porque genera endorfinas. ¿Qué genera la tristeza para que pueda gustarnos? Y, sobre todo, ¿cómo es capaz una narración, una pieza de arte, de provocarnos ese sentimiento?

Maravillas de internet, he encontrado la referencia a aquel artículo. Ahora sólo me falta encontrar una biblioteca que reciba el Journal of Aesthetics and Art Criticism y lo tenga disponible al público desde 1982. En realidad no creo que nunca lo vaya a buscar, pero seguiré dándole vueltas a la idea, triste por no encontrar solución, pero feliz por estar buscándola. De todos modos, si alguien que trabaje en una universidad me quiere hacer llegar el artículo estaría muy agradecida (aunque sospecho que es probable que satisfaga más mi curiosidad la respuesta que pueda dar de este tema un neurocientífico que la filósofa que me hizo pensar en ello por primera vez). La referencia es:

A Strange Kind of Sadness
Marcia M. Eaton
The Journal of Aesthetics and Art Criticism
Vol. 41, No. 1 (Autumn, 1982), pp. 51-63
(article consists of 13 pages)

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