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Que nadie lo pase mal febrero 3, 2012

Posted by mispequenasobsesiones in Política, Uncategorized.
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Durante un tiempo, me entretuve escribiendo un libro, que jamás vio la luz, que solía definir cuando me preguntaban “como El Ala Oeste de la Casa Blanca pero visto desde el punto de vista más cínico, de una persona apasionada por la política pero desencantada”. Luego vi la serie The Thick of It y pensé que, en fin, es imposible inventar nada…

El caso es que estos días he recordado mucho el capitulito, comienzo del fin de la novela, en que el líder del partido progresista (Laboristas, los llamo) se dirije a sus bases en el mitin final de unas primarias celebradas mientras aún están en el Gobierno y encarando las elecciones generales. Puse en ese capítulo mucho de mis reflexiones sobre lo que era ser progresista, pero estos días más que por eso lo recuerdo por el párrafo final. Me temo que los candidatos oficiales del 38 Congreso me hacen pensar más en ese último párrafo que en el resto.

Copio aquí ese capitulillo suelto porque viene al pelo de la actualidad y también para reivindicar que la idea fuerza del discurso, “que nadie lo pase mal”, está escrita hace bastante más de un año, ya que he observado que mi lector más incondicional la ha plagiado vilmente en una publicación seria ¡Y en mayúsculas! (tómese la crítica con cariño).

Último cartucho

Mis asesores me han dicho que no me muestre derrotado, que no reconozca errores y que no mencione a mi oponente por su nombre. Mis asesores me han dicho que tengo que mostrarme como un líder fuerte, seguro de sí mismo. Mis asesores me han dicho que gesticule, para no parecer demasiado hierático, pero que no gesticule demasiado, para no parecer nervioso.

Pero ¿sabéis una cosa? Estoy harto de mis asesores de imagen. Esto no es un concurso de la tele. Esto es la máxima expresión de la política y la política se hace con ideas, no con segundos en el telediario.

Y aquí estamos, en este salón de actos, un candidato, un hombre que ha dedicado su vida al partido y al servicio público, y siete mil militantes. Siete mil personas con ideales, con integridad, con convicciones y solidarias. Siete mil personas afiliadas a un partido político en estos tiempos de individualismo egoísta. Siete mil personas que, a pesar de sus problemas diarios, sus trabajos, sus sinsabores, sacan tiempo, esfuerzo y energía para ayudar a construir un país, a través de la máxima expresión de la solidaridad y la convivencia en sociedad que es la democracia, y que no podría existir sin los partidos políticos y los militantes que los integran.

Sois voluntarios de las ONG más importantes de la democracia y, sin embargo, lo sé, cada día tenéis más difícil mostrar con orgullo vuestra afiliación porque nosotros, los que nos dedicamos a esto a tiempo completo, no estamos a la altura de las expectativas. Estamos más preocupados de ganar, de ser candidatos, de salir bien en los titulares, de tener muchos minutos de televisión, que de arreglar el mundo. Porque a veces nos olvidamos de que nuestro verdadero único objetivo es intentar arreglar el mundo entre todos, los militantes de base y aquellos a los que nos aupáis para que dediquemos nuestra vida a intentar plasmar vuestros ideales. Porque no nos engañemos: arreglar el mundo requiere tener ideales. No hay soluciones mágicas neutras.

Y, en cambio, aquí estamos, vosotros y yo, dedicando esta tarde de sábado a escribir quizá otra página de la historia de nuestro país. No nos equivoquemos: en política, todas las grandes decisiones dependen de todas las pequeñas decisiones individuales que se tomaron antes. De todos los que arrimaron el hombro, pensaron y apostaron por una opción o por otra.

Si hoy os gusta lo que veis en mí y confiáis de nuevo en mí, y mañana me dais vuestro apoyo frente al candidato Lucero, estaréis escribiendo una página de la historia de España. Con vuestro voto estaréis garantizando la reelección de un presidente del Gobierno laborista.

En este atípico discurso del candidato Romedales la mención a la posibilidad de ganar de nuevo el gobierno había sido la señal que los siete mil asistentes al último mitin antes de las primarias estaban esperando para poder descargar su emoción y adrenalina en aplausos.

Gracias. Gracias. Shhh. No aplaudáis todavía…. Pero lo importante no es ganar. Es saber para qué se gana. Yo tengo un proyecto de España. Soy laborista, y como laborista creo que nuestro país debe ayudar más a los más débiles para que seamos un país más solidario y justo, donde nadie lo pase mal.

“Nadie lo pase mal”. Suena grandilocuente, o naif, pero es la verdad. Mis asesores me han dicho que no debo hablar en negativo, pero me da igual. Ese debería ser nuestro objetivo: que nadie lo pase mal. Que nadie tenga un trabajo indigno, que a nadie se le cierren puertas, que nadie reciba un trato injusto, que nadie que necesite ayuda se encuentre solo. La sociedad existe para que, entre todos, consigamos que nadie lo pase mal. Todo lo demás es accesorio. Creo que todos estamos de acuerdo en eso. El candidato Lucero también lo está. Pero podemos diferir en el qué hacer para conseguir ese elevado objetivo que nos hace a los laboristas mejores personas que a los demás.

¿Y qué hay que hacer para que nadie lo pase mal? Yo creo que hay que defender hasta la muerte la igualdad de oportunidades para todos y proteger a los débiles, pero también tenemos que saber que proteger a los débiles no es atacar a los fuertes. Ya no hay una dicotomía entre obrero y empresario. Estamos en el siglo XXI, los empresarios no son el enemigo, sino el aliado que puede hacer que nuestro país crezca, que ganemos en bienestar, que tengamos buenos empleos, que tengamos un auténtico Estado del Bienestar. El capitalismo no es malo. Necesitamos que todos tengamos las mismas oportunidades de triunfar en él. Lo que es malo es el sometimiento irreflexivo e impotente al capitalismo. El laborismo debe utilizar el capitalismo a su favor para conseguir su objetivo. Nuestro objetivo no es crecer por crecer. Nuestro objetivo es que todo el mundo viva mejor. Para eso es necesario crecer y por eso estamos a favor del crecimiento. Pero no al revés.

Romedales esperaba en este momento otra ronda de aplausos, pero sus siete mil seguidores se habían distraído en el laberinto de palabras y nadie cogió el guante. Estaban, quizá, demasiado cansados después de horas en autobuses que les habían traído de toda España. Mateo Arcos, el jefe de campaña, había conseguido un lleno absoluto a base de esfuerzo e insistencia. Sólo le había faltado conducir él mismo los autocares.

Yo no he oído al candidato Lucero haciendo estas reflexiones. Sólo sé que tenemos los mismos objetivos, y en cambio él quiere ser candidato en lugar de mí a sólo tres meses de las elecciones y eso, vosotros que estáis aquí lo sabéis bien, es un gran riesgo. No se puede cambiar de caballo en mitad de la carrera.

Entones ¿por qué quiere presentarse? Le he estado dando muchas vueltas a los motivos de Lucero, porque a mí todo lo que ocurre en el partido me preocupa, yo necesito entender.

No creo que sea ego personal, no. Nadie da este paso sólo por ego, creo yo.

Creo que Julián Lucero está decepcionado. Está decepcionado conmigo. No he hecho todo lo que queríamos hacer en la primera legislatura laborista. Es cierto. Yo también lo pienso. Yo también quiero hacer más. Yo también, como todos vosotros, quería una ley de educación sexual, una baja por maternidad de un año, quería muchas cosas.

Pero gobernar es mucho más que conseguir eso. Gobernar es sacar adelante un país, un país en el que hay muchas sensibilidades y todas ellas están representadas en el Parlamento, y con todas hay que negociar, ceder o estar firme, dependiendo del momento. Gobernar es tomar decisiones. Y a veces un gran gobernante tiene que tomar decisiones que no le gustan. Y es verdad que gobernar es difícil, que no siempre se consigue lo que se quiere, pero no es menos cierto que cada día de gobierno se puede hacer mucho más para mejorar la vida de muchas más personas que de cualquier otra manera.

Por eso lo que os pido no es que me votéis a mí mañana frente a Lucero porque lo voy a hacer mejor. Yo lo que necesito es que os dejéis la piel en la próxima campaña de las elecciones generales porque, sea quien sea el candidato laborista, necesitamos una mayoría fuerte, que nos permita llevar a cabo nuestro proyecto.

No es una cuestión de nombres, no es una cuestión de imagen, no es una cuestión de liderazgo. Es una cuestión de lo que vosotros, como laboristas, podéis hacer por vuestro país. Ya sabéis cuál es mi programa. Si queréis que lo llevemos a cabo, no necesito que me votéis mañana. Necesito que arrasemos dentro de tres meses. Y lo vamos a conseguir. Con vuestra ayuda lo vamos a conseguir. Vamos a construir ese país en el que nadie lo pase mal. Vais a construirlo vosotros. Apostando mañana por mí estaréis apostando por ese camino. Os necesito. España os necesita. Muchas gracias.

La ovación retumbó en todo el edificio. Siete mil personas a las que de repente les habían hablado con humildad, con sinceridad y, al mismo tiempo, con ilusión y energía no podían parar de aplaudir. Les habían llamado a construir grandes proyectos y estaban dispuestos a hacerlo.

En la segunda fila, al lado de la mesa de uno de los técnicos de sonido, su asesesora Cristina también aplaudía con ganas. Su jefe había dicho exactamente lo que ella le había dicho que tenía que decir.

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Steve Jobs octubre 6, 2011

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IPod, IPhone, Mac, IPad, Toy Story, Apple, Pixar… Si Steve Jobs no hubiera nacido hace 56 años, el mundo sería distinto a como lo es hoy. Es una lástima que haya fallecido tan tempranamente. Como decía hoy alguien en twitter, si hizo todo eso en 56 años, quién sabe lo que podría haber hecho en los próximos 20. No sé si era o no un genio de la informática, pero desde luego fue un visionario que supo encontrar necesidades del público antes de que supiéramos que las teníamos y cubrir el espacio abierto con aparatos que muchas veces no utilizaban tecnologías innovadoras, pero desde luego sí eran maravillosos, amigables y seductores. Y cuando no estuvo en Apple puso en pie una nueva industria creando la primera película de animación confeccionada íntegramente por ordenador.

Su famosísimo discurso ante una promoción de graduados de Stanford es una muestra concentrada de por qué era un hombre digno de admiración. Este post recordándolo es mi pequeño homenaje.

Un tipo extraño de tristeza septiembre 11, 2011

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El último capítulo de Doctor Who me hizo llorar.

Hace unos 12 años, cuando estudiaba tercero de carrera con una beca Erasmus en la Universidad de Sussex, leí un artículo de filosofía estética cuyo título nunca he olvidado: A Strange Kind of Sadness. En los últimos días he vuelto a recordarlo: con el vídeo del perro del que hablaba ayer, con el primer capítulo de The Sarah Jane Adventures que mencionaba el otro día, y sobre todo, con el capítulo de hoy de Doctor Who, The Girl Who Waited, que me ha hecho derramar enormes lagrimones.

Mi mala cabeza no me permite recordar cuáles eran las conclusiones de aquel artículo. Sospecho que no debían ser muy concluyentes o que no me convencieron. Lo que nunca he olvidado, y supongo que en los textos de filosofía generalmente el mérito está ahí, es la pregunta que se planteaba: más o menos, que por qué hay cosas que nos ponen tristes y en cambio nos gustan, nos resultan placenteras. La tristeza de verdad no se puede disfrutar lo mires como lo mires, pero ahí están las canciones, las películas, los episodios de series que son “placeres estéticos” que nos ponen tristes y en cambio nos encantan. Nos gusta llorar y nos sentimos mejor después.

Generalmente me cuesta llorar, pero cuando una de esas ficciones conecta conmigo, sólo la vergüenza de que quizá alguien me vea me impide entregarme completamente a la liberación que supone dejarse llevar por las lágrimas. Después te sientes feliz, descansado. ¿Por qué? El llanto libera. Incluso cuando es una situación real la que nos hace llorar, el hecho de llorar nos hace sentir algo mejor después.

Pero el disfrute de ese tipo extraño de tristeza no se debe sólo a la liberación fisiológica de las lágrimas. Hay canciones que, sin llegar a hacernos llorar, nos ponen tristes. No se los demás, pero a mí una canción que me haga eso es muy probable que se ubique entre mis favoritas (me viene a la cabeza Under the bridge, de los Red Hot Chilli Peppers). Así pues, hay algo más. Tiene que haber algo que nos haga disfrutar de la tristeza, al menos de cierto tipo de tristeza, la generada por el arte. Dicen que los masoquistas disfrutan el dolor porque genera endorfinas. ¿Qué genera la tristeza para que pueda gustarnos? Y, sobre todo, ¿cómo es capaz una narración, una pieza de arte, de provocarnos ese sentimiento?

Maravillas de internet, he encontrado la referencia a aquel artículo. Ahora sólo me falta encontrar una biblioteca que reciba el Journal of Aesthetics and Art Criticism y lo tenga disponible al público desde 1982. En realidad no creo que nunca lo vaya a buscar, pero seguiré dándole vueltas a la idea, triste por no encontrar solución, pero feliz por estar buscándola. De todos modos, si alguien que trabaje en una universidad me quiere hacer llegar el artículo estaría muy agradecida (aunque sospecho que es probable que satisfaga más mi curiosidad la respuesta que pueda dar de este tema un neurocientífico que la filósofa que me hizo pensar en ello por primera vez). La referencia es:

A Strange Kind of Sadness
Marcia M. Eaton
The Journal of Aesthetics and Art Criticism
Vol. 41, No. 1 (Autumn, 1982), pp. 51-63
(article consists of 13 pages)

Del papel a la pantalla agosto 9, 2011

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Los libros de Canción de Hielo y Fuego me tientan en los escaparates de todas las librerías desde que Juego de Tronos se convirtió en un éxito de audiencia

No sé si leer la saga épica de George RR Martin Canción de hielo y fuego. La serie Juego de Tronos me ha gustado demasiado, no quiero verle defectos comparándola con los libros, o perder la emoción de verla si sé lo que va a pasar después, o renunciar a ella si las novelas que la inspiran resultan ser mucho mejores.

Por otra parte, hay que esperar tanto hasta la siguiente temporada para saber cómo continúa la evolución de sus complejos personajes que quizá recurrir a los libros ya publicados (cinco hasta el momento, si no me equivoco) puede ser una buena solución para pasar el mono… Y es que el final de la primera temporada de Juego de Tronos no deja precisamente resuelta la trama. Es un cliffhanger en toda regla, y me de la impresión de que así van a ser todas las temporadas que dure, porque así son, al parecer, sus libros (me cuentan que los fans de Martin sufren con la idea de que su descuidada salud no le permita acabar la saga).

La relación entre páginas y pantallas suele ser complicada. Personalmente, procuro huir del extendido esnobismo de considerar siempre mejor al libro, más ahora que las series de televisión permiten, por su duración, profundizar en los personajes tanto como sea necesario, a diferencia de las películas, que tienen que “contarlo todo” generalmente en menos de dos horas. Por no decir que hacer una buena serie es mucho más difícil (y costoso) que una buena novela. Al fin y al cabo, no sólo hay que contar una gran historia valiéndose de un uso virtuoso del lenguaje (escrito en un caso, audiovisuales el otro), sino que en las series además hay que dar con el casting adecuado, la música, la ambientación, hacer equilibrios con el presupuesto, dar material para atrapar a la audiencia y garantizar así la continuidad del proyecto…

Y a pesar de pensar todo esto, procuro no mezclar. Es muy difícil que la serie y el libro sobre el mismo tema me gusten a la vez, y sin que uno de los dos tenga que pagar un precio. Lamento, por ejemplo, que ya no puedo recordar la cara del Aragorn o Legolas con los que me obsesioné con menos de 15 años. Ahora sólo veo a Viggo Mortensen y Orlando Bloom en su lugar. Y aunque la película de Peter Jackson sobre El Señor de los Anillos me pareció fantástica y pienso correr a ver El Hobbit si por fin llegan a extrenarla, me sienta fatal que se haya superpuesto sobre mi propia imaginación y me haya hecho olvidar el libro que tantísimo me gustó de adolescente.

En otras ocasiones, he preferido salvar el libro antes que la serie. Por ejemplo, al comprobar que el último capítulo de la primera temporada de True Blood dejaba un planteamiento completamente distinto al de Dead until Dark, el primer libro de la saga de The Southern Vampire Mysteries que hasta entonces había seguido fielmente, opté por conservar en mi cabeza a la Sookie Stackhouse de los libros de Charline Harris mejor que a la de Allan Ball, creador de maravillas como Six feet under. Cualquiera de los dos no sería más que un placer culpable, ya que profundidad, lo que se dice profundidad, no tienen. ¡Pero me lo paso bien!

Para acabar, mencionar que a veces el salto se produce a la inversa, de la pantalla a la tinta, sobre todo como historias paralelas y continuaciones de la saga o precuelas. En este caso, me atrevería a decir que la duda se inclina siempre al lado de la producción audiovisual, puesto que sus descendientes en papel no son más que subproductos de marketing para rentabilizar el filón. Ya apenas recuerdo unas novelas sobre Luke, Han Solo y los demás de La Guerra de las Galaxias que leí en su momento y que implicaban a una jedi pelirroja. Aún así, ¡Quién le echara el guante a los cómics sobre Doctor Who! 😉

500 visitas mayo 31, 2011

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Hace dos meses y 21 “posts” que comencé este blog, con el único propósito de entretenerme y desahogarme hablando de mis series favoritas, de política, comunicación y otras ccosas que ocupan mis pensamientos, como reza la cabecera. Primero se lo di a leer a mi familia, luego a mis amigos y luego experimenté un gozo inesperado con la idea de que lo leyeran absolutos desconocidos.

Llegó un momento en que lo primero que hacía al entrar en el blog era mirar las estadísticas, para comprobar si las visitas habían aumentado con respecto a la vez anterior, y me vi citando mi blog en los comentarios de otros blogs, para ver si así aumentaba “mi audicencia”. Así he llegado, con cierto orgullo, a superar las 500 visitas en menos de dos meses. Y si yo, que escribo esto por puro hobby, sin ningún criterio elaborado y sólo cuando me apetece, he llegado a obsesionarme con la audiencia, ¿qué no le pasará a los productores, guionistas, actores, etc. de mis queridas series de televisión cuyo trabajo, cobar a fin de mes, depende exactamente de eso? Muy fría tienen que tener la mente para no volverse locos todos los días comprobando los datos de la noche anterior.

Algo de tanta importancia bien se merece un post intentando clarificar conceptos, o sea que aquí va el intento, que no sé si habré conseguido:

En primer lugar hay que tener en cuenta una “perogrullada”: nunca conocemos la audiencia real de un programa, sino proyecciones estadísticas de la que sería la audiencia de un programa según los datos que hemos recogido de una muestra de población que se supone representativa de la población en general.

Dicho esto, para esa recogida de datos hay varios métodos: establecer un panel de hogares que anotan sus consumos de televisión (hoy en día se hace de manera automática con los audímetros) o realizar un sondeo (encuestas telefónicas o presenciales).

En España las audiencias las miden el grupo Kantar Media (antes Sofres) y la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación a través del Estudio General de Medios (EGM). Kantar está especializada en medición de la televisión a través de audímetros, de los que tiene más de 4.600 instalados en España, mientras que el EGM utiliza la técnica del sondeo (entrevistas personales y telefónicas, 43.000 en total para medir las audiencias de televisión) y es clave para el resto de medios (periódicos, revistas, etc). Por otra parte, y puestos a hablar de “audiencias” de otros medios, también existe la OJD que, a grandes rasgos, lo que se encarga es de comprobar de manera independiente que los ejemplares distribuidos son los que periódicos y revistas dicen. Al no estar la OJD relacionada con la TV, no nos interesa para este artículo.

Kantar proporciona sus datos diariamente, y el EGM tiene un ciclo anual (aunque publique sus datos en “oleadas” trimestrales). A su vez, AIMC supervisa las audimetrías de Kantar en España. Kantar está presente en muchos otros países. Otra empresa que también analiza las audiencias en muchos países (y en España está presente pero no para medir audiencias te TV) es Nielsen. En Inglaterra, Broadcasters’ Audience Research Board (BARB), organización que pertenece a las grandes cadenas de televisión, es la encargada de medir las audiencias con un panel de hogares con audímetros.

Vertele explicaba recientemente en un artículo que el audímetro permite almacenar gran cantidad de datos en un disco duro lo que facilita su recolección y proceso, que se hace diariamente y se realiza de forma automática y a través de la línea telefónica. La desventaja de los audímetros que se usan actualmente es que necesitan una colaboración activa por parte de los usuarios (decir quién está viendo la tele en ese momento).

Con los datos que proporcionan esos distintos tipos de toma de datos, se elaboran diferentes indicadores.
El más habitual es el share o cuota de pantalla, que se expresa en forma de porcentaje y viene a decir “de todos los espectadores que estaban viendo la tele en ese momento, el X% estaban viendo tal programa”. Creo que en torno al 18% es un muy buen share. En cuanto a las cifras de audiencia (proyecciones estadísticas en realidad), son números reales, no porcentajes. Para un mismo share, el número de espectadores varía según cuánta gente esté viendo la tele en ese momento. No es lo mismo los espectadores a las nueve de la noche que a las tres de la mañana. Por ejemplo, Los misterios de Laura, de TVE, tuvo ayer 3.225.000 espectadores y un share del 15,9%, el segundo programa más visto del día después de El Tiempo 2. El “minuto de oro” es el momento con máxima audiencia del día.

Otro indicador, que el público en general no suele usar para valorar el éxito de un programa pero que es muy importante para las agencias de publicidad es el rating. El rating es la cantidad de espectadores que está viendo determinado programa en relación al total de espectadores potenciales que hay en un país. Suele hace referencia a un determinado momento y puede darse desglosado por públicos objetivo (target) como por ejeplo “mujeres de menos de 40 años”. Como explica Vertele, es normal que a un share de un 20% le pueda corresponder un rating de un 3%.

¿Para qué sirve el rating? Para calcular indicadores como los Gross Rating Points (GRP), fundamentales para diseñar el emplazamiento de las campañas publicitarias. Los GRP son, para un público dado (por ejemplo “menores de 14 años”) el porcentaje (rating) de personas de ese público que vieron el anuncio multiplicado por la media de anuncios a los que son expuestos. Por ejemplo, un programa que llega al 30% de los menores de 14 años y que les muestra un anuncio cuatro veces tendrá 120 GRPs.

Por último hay un indicador del que sólo he oído hablar en referencia a la televisión británica, y que me parece muy interesante: el Appreciation Index (AI). Es una puntuación sobre 100 que se usa como indicador de la apreciación del público sobre un programa concreto. Aunque en el pasado lo hacía BARB, según Wikipedia, hoy lo hace la empresa GfK NOP para la BBC como parte de una encuesta que se realiza a un panel de personas (15.000 adultos y 1.500 niños) que rellenan una encuesta online al día siguiente de ver el programa en cuestión. Se anima a los miembros del panel, mediante premios, a que participen en la encuesta al menos 10 veces al mes. Según el citado artículo, AI de 85 o más se consideran “excelentes” y pueden salvar un programa incluso aunque haya tenido bajos ratings. Me pregunto si en España habrá mediciones similares, aunque no se hagan públicas. ¿Qué AI tendrían programas de los de carnaza que se “justifican” por sus shares y audiencias?

Imagen de share de ITV, tomada de Wikipedia

Día del orgullo ¿friki? mayo 25, 2011

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Hace hoy 34 años se estrenó Star Wars y esta efeméride es la excusa para conmemorar lo que en los últimos años se ha dado en llamar “Día del Orgullo friki”.
Es curioso este término que tiene su origen en el inglés freak (que pronunciaríamos algo así como friik) pero que ha adquirido aquí connotaciones ligeramente distintas, siendo quizá más adecuados los términos británicos geek o nerd para definir a lo que en España es un friki.
Diccionario en mano, vamos a tratar de definir tres vocablos ingleses muy relacionados con el friki español, partiendo de la base de que, por supuesto, nuestra Real Academia no ha aceptado el neologismo.
Freak: En origen, el freak es un monstruo (“persona o animal que es marcadamente inusual o deforme”), y está muy relacionado con las personas con malformaciones o discapacidades que formaban parte de espectáculos circenses (freak shows) en Estados Unidos hacia mediados del siglo XIX. Como bien explica wikipedia, en origen en España tomó esa acepción cuando importamos el término para definir a gente extraña del circo televisivo que poblaba los minutos más oscuros de Crónicas Marcianas, pero después fue evolucionando hacia su uso actual. Ahora lo aplicamos a los supuestos “raritos” que son aficionados a Star Wars, los comics, los juegos de rol, los ordenadores, las series de televisión… y además, gracias a iniciativas como el día del orgullo friki, no tiene connotación negativa (o al menos no la tiene dentro del colectivo, si bien un outsider puede llamar friki a alguien de manera despectiva).
El diccionario también define freak como “Alguien que es tan ardientemente devoto de algo que parece una adicción”, lo cual podría ser similar a lo que nos proponemos, pero en realidad el contexto es ligeramente distinto. Esta acepción se usaría, por ejemplo, para “a bodybuilding freak” (un obseso del culturismo).
Así pues, ¿cómo denominan los ingleses a nuestros queridos frikis? Pues más bien “geeks” o “nerds”.
El geek, que es como nuestro friki, aunque tiene una vertiente más marcada de obseso de los ordenadores. El diccionario define al geek como “gente con una personalidad inusual o rara”, “un obsesivo experto en ordenadores” o “un intérprete de feria que hace actos desagradables”. Salvo esta última, las otras dos bien podrían valernos.
En cuanto al nerd, su clara representación serían los chicos de The Big Bang Theory. Tiene varias acepciones: “Estudiante que es ridiculizado por ser aburridamente estudioso” o “persona inteligente pero estrecha de mente que es experta en cualquier campo técnico o profesión” y, por último, la que encaja con nuestros frikis: “alguien considerado aburrido por su hobby obsesivo o intereses muy concretos y solitarios” (supongo que el “considerado aburrido” se refiere al resto de la sociedad, no a la consideración que tengan de él otros “nerds”).
Y luego ya podríamos entrar en frikis / geeks / nerds más específicos: tenemos a los trekkies (fanáticos de Star treck), a los whovians (fanáticos de Doctor Who), etc, pero el mero hecho de haber llegado al final de este post demuestra que el que está leyendo esto es un poco “friki”, o sea que no hace falta que se lo explique…