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Conspiranoias y televisión septiembre 23, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Medios de comunicación, Política, Series de televisión.
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Me encanta la ficción sobre política, que casi siempre es en realidad política y periodismo, las dos cosas juntas, porque si una película o serie sobre políticos actuales no incluye su buena dosis de medios de comunicación, no me parece creíble. Para bien o para mal, la política en el siglo XXI sin comunicación no existe.

En este sentido, obviamente, como tantos otros, adoro El Ala Oeste de la Casa Blanca, pero me gusta ampliar mis horizontes. En mi búsqueda de series en el HMV de Oxford este verano, vi una que me sonaba (el Blog Quinta temporada había hablado de ella un mes antes) y, tratando sobre periodistas y políticos, no me pude resistir a llevármela a casa.

Acabo de terminar State of Play, y mis sensaciones son contradictorias. Creo que está muy bien hecha. Es un thriller complejo (muy complejo) que comienza con dos asesinatos y se complica con alta y baja política, infidelidades, triángulos amorosos, traiciones… Todo en seis capítulos, todo sin que pierdas el hilo y todo sin pararse a respirar. Podría decir que es fantástica, pero tiene un pequeño problema: yo, personalmente, no me la creo, a pesar de las buenas interpretaciones de sus actores.

El problema es que es muy maniquea. Por un lado, los periodistas son buenísimos: un equipo de unas cinco personas se pasa semanas o meses investigando un tema sin publicar ni una sola línea con el apoyo incondicional de su editor, encuentran información y consiguen la complicidad de sus fuentes con mucha más agilidad que la policía, se plantean dudas morales y aguantan la historia hasta que no lo tienen todo atado… Vamos, no sé cómo trabajarán en The Guardian, pero me apuesto los dos brazos a que ningún medio español ni sus periodistas trabajan así. Y por otro lado, los políticos son malos malísimos: traicioneros, oscuros, conspiradores…
Ni tanto, ni tan calvo en ninguno de los dos ámbitos, creo yo. Por eso no he terminado de creérmela. Aunque aún así la recomiendo. Es un gran thriller. Pero es de esos que alimentan la conspiración y la paranoia. Esos que hacen que, cuando alguien ve El Ala Oeste, considere que “no es realista” porque no hay corrupción. Esos que destrozan mis esfuerzos por explicar que, en líneas generales, la política no es tan mala.

También me ha generado ciertas reflexiones sobre la visión del periodismo que transmite. Como digo, los periodistas de esta serie son “perfectos”. Y aún así, es práctica habitual pagar a las fuentes, espiar, conseguir información de maneras más o menos ilícitas. Siempre he dado por supuesto (y creo que en España es bastante habitual pensar eso) que un periodista que necesita pagar por su información no es un buen periodista, y una fuente que cobra no es de fiar puesto que, con tal de cobrar, podría contarte cualquier cosa. Y aún así, en esta serie, metidos en faena, como espectador justificas perfectamente los pagos que realizan. Es curioso. Debe ser cuestión cultural con el periodismo británico. Si allí es práctica habitual no es de extrañar que al final se bajen los estándares hasta extremos que acaban convirtiéndose en escándalo cuando se miran desde lejos y se convierten en “las escuchas de News of the World”. Por otra parte, aquí se puede decir directamente que no tenemos verdadero periodismo de investigación, o sea que la verdad, no sé qué prefiero.

Y lo que más dudas sobre la visión del periodismo me ha generado es el final. Voy a comentarlo, lo que significa que a partir de este punto (y en cursiva para facilitar que se distinga) es un gran SPOILER que puede destrozar la serie a quien lo lea. Advertidos estáis:

Los esforzados periodistas consiguen atar toda una trama de corrupción con pruebas que demuestran que una petrolera había espiado al Gobierno y, lo que es peor, que el Gobierno lo consentía a cambio de prebendas (no personales sino “para el país”) de la petrolera. Es el caso del siglo: contarle a los británicos cómo las petroleras son focos de podredumbre que contaminan a su Gobierno. A punto de publicar la historia, el caso da un giro y el origen de la investigación, un asesinato sin resolver, es resuelto. El culpable (gran spoiler, en serio, no sigas leyendo) es el político amigo del periodista protagonista.

Explicado esto, mi reflexión: cuando lo he visto he pensado “joder, qué putada, si lo publican destrozan su propia historia, que publiquen la corrupción y al día siguiente el culpable de asesinato, que si no una cosa va a ocultar la otra”. Porque, pensemos, ¿qué es más importante para la ciudadanía, que las petroleras y el Gobierno van de la mano o que a una pobre chica la mató un diputado? Obviamente no te puedes callar que tienes la confesión en exclusiva del diputado, pero entonces, da las dos historias… Están interrelacionadas y son importantes. En la serie, el periodista protagonista amigo del asesino pasa su crisis pero finalmente la serie acaba con que el periodismo “triunfa” y la portada del periódico lleva al día siguiente una gran foto del diputado con el titular de que confiesa el asesinato de su ayudante. La cámara nos lleva entonces a la rotativa y nos muestra el resto de titulares y fotos: el “asesino”, su mujer, la víctima, a la otra víctima que dio la primera pista… Cualquiera pensaría que la historia acaba bien, que se descubre al culpable, pero quizá mi deformación profesional me lleva a pensar: “¡Oh dios mío, la petrolera y el gobierno se salen con la suya! ¿dónde están los titulares sobre el espionaje y la corrupción?” No sé si quien escribió la serie, Paul Abbott, quería dar un último mensaje de cinismo: tanta investigación para que al final un asesinato oculte la noticia importante. Me temo que no, que realmente la serie acaba “bien” y que lo que ocurre es que “castigar” públicamente al culpable del asesinato es considerado más importante que pararle los pies a las manitas entre Gobierno y petroleras. Obviamente, el asesinato y la corrupción están relacionados, se entiende que todo el otro caso también saldrá, pero no sé… Mi viejo corazoncito de ex jefa de prensa necesita titulares. ¿Me he vuelto un poco cínica? Y con esto acabo mi spoiler-reflexión sobre la última parte del último capítulo.

Sólo una cosa más, como parece que me he propuesto mencionar a Doctor Who en todos mis post, no puedo dejar pasar la oportunidad de decir que el periodista principal y coprotagonista de la serie es John Simm, The Master en algunos de los mejores capítulos de la era David Tennant de Doctor Who. Por cierto que he tenido que leer su ficha en el IMDB para darme cuenta, lo que hace un tinte de pelo…

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Murdoch y Satellite 5 julio 18, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Medios de comunicación, Series de televisión.
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Imagen de Satellite 5 (Doctor Who, primera temporada de la nueva época) tomada de la web de la BBC

Un periódico cuyos periodistas tienen como práctica habitual pinchar los teléfonos de políticos, famosos e incluso víctimas de secuestros y asesinatos y sus familias. Periodistas que deberían ser objeto de investigaciones policiales y que en su lugar actúan como asesores de la polícia y mientras pagan estancias en hoteles de lujo al mismísimo director de de Scotland Yard. Unos directivos de medios de dudosos métodos que acogen en su casa en Navidad al primer ministro y su familia. Un magnate de las comunicaciones que después de poseer la mayor parte de los principales periódicos de un país quiere hacerse también con el 100% del control de un canal de televisión del que ya tiene buena parte. Un permiso para la compra que tiene que ser concedido por el Gobierno cuyo máximo responsable de comunicación es un ex directivo de esa misma corporación…

Tiene todos los ingredientes para ser uno de esos thrillers devastadores en los que no tiene las manos limpias ni el apuntador, tipo The Wire pero a lo grande, refiriéndose a un país entero en lugar de a una ciudad. Lo terrible es que es real y cada día que pasa conocemos detalles todavía peores. La buena noticia es que lo sabemos porque la indignación popular y el buen trabajo de otros medios (principalemtne The Guardian y la BBC) ha llevado a poner en primera línea el tema y a que tanto el director de Scotland Yard como varios directivos de News International hayan dimitido. Incluso, el magnate Rupert Murdoch en un intento desesperado por salvar su operación de compra de British Sky Broadcasting (BSkyB), una cadena de televisión vía satélite, cerró el periódico News of the World. Pero la operación de imagen no fue suficiente y, además de perder a sus principales directivos en Reino Unido, ha tenido que acabar renunciando a la compra del canal.

Los múltiples twitters británicos que sigo han sido un hervidero de cometarios sobre el tema en los últimos tiempos. Entre ellos, particularmente certeros me han parecido los del guionista, actor y novelista Mark Gatiss, al que sigo por estar vinculado a dos de mis series favoritas, Doctor Who y Sherlock. Baste decir para ver su actitud, por ejemplo, un lacónico tuit de hace cuatro días en el que simplemente dejaba caer “Rosebud…” (para despistados: es el nombre del trineo infantil que murmura el magnate de las comunicaciones de Ciudadano Kane en su lecho de muerte, el McGuffin que da lugar a toda la película). Me gustó particularmente, por sentirme muy identificada cuando, hace un par de días, publicó: “Cuando el presentador dice ‘en otras noticias’ quiero gritar ‘que le jodan a eso! quiero saber más sobre ESTAS noticias!’ #NOTW” (NOTW significa News Of The World, el periódico de las escuchas).

A raíz de ese comentario, he recordado varios episodios de Doctor Who, escritos por el guionista y productor Russell T Davis (bien podrían ser del propio Gatiss, que escribió otro en la misma temporada), que parecen una crítica a un futuro que, en cierto sentido, es el presente, así que he pensado que bien está recordarlos en este post. Murdoch estaría feliz si poseyera Satellite 5, el lugar donde se desarrollan The Long Game (séptimo capítulo de la primera temporada de la nueva época, de 2005, de Doctor Who) y Bad Wolf (penúltimo capítulo de la misma temporada).

En adelante, SPOILERS:

En The Long Game, el Doctor descubre que Satélite 5 controla todas las transmisiones de información de la humanidad y que tiene a toda la ciudadanía pendiente de manera acrítica de cada boletín de noticias y a los periodistas obsesionados con replicar la información que les dan para el próximo noticiario, no de investigarla. El editor de Satellite 5 explica que gracias al satélite han convertido el Imperio en un lugar en el que a los humanos se les permite vivir, usando noticias manipuladas para inculcar el miedo en la raza humana, para mantenerlos en una sociedad cerrada. Todas estas acciones han sido orquestadas por un consorcio de bancos y por “el Redactor jefe”, Poderoso Jagrafess del Sagrado Hadrojassic Maxarodenfoe (“Max” para acortar), un bicho enorme que está pegado al techo.

Como no podía ser de otra manera, el Doctor libera a la humanidad con ayuda de sus acompañantes y de una periodista que se quita la venda de los ojos (¿la BBC, El Guardian?) y acaban destruyendo Satellite 5. Final feliz que parece una metáfora de lo que estamos viviendo en estos momentos.

Pero, para los pesimistas, hay que señalar que la historia de Satellite 5 no acaba con la explosión del editor en jefe. Varios capítulos después, el Doctor vuelve a caer en Satellite 5, para encontrarse con que ahora lo controla Badwolf Corporation, que se dedica a emitir concursos y reality shows. En Bad Wolf, penúltimo capítulo de la temporada, el Doctor descubre espantado que había sido responsable del estancamiento de la humanidad, enajenada frente a unos televisores que sólo emiten telebasura desde que “hacía cien años” (no olvidemos que el Doctor viaja en el tiempo) las retransmisiones informativas pararon de repente. La trama después se complica para acabar en el emocionante último capítulo de la temporada, The Parting of the Ways, en el que se termina la historia del noveno doctor.

Así pues, aviso a navegantes: o la opinión pública británica ha sido el héroe que ha evitado que Murdoch y News International se hagan con el control de BSkyB (¿Satellite 5?) y tenemos así un final feliz de la aventura, o la realidad supera a la ficción y el imperio mediático Murdoch aún tiene mucho que decir. El cierre de un periódico no es ni mucho menos un paso hacia la libertad, aunque conocidas sus malas prácticas a primera vista lo parezca. Además, no olvidemos que Reino Unido es sólo una pequeña islita del imperio News Corp. del australiano Murdoch.

¿Quién mató al comendador? junio 28, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Medios de comunicación.
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Mientras escucho de fondo a Rajoy en el debate del Estado de la Nación, hago una reflexión sobre un tema que, esta vez, nada tiene que ver con series de televisión (pero tampoco con Rajoy, don’t worry).

Como buena periodista, todas las informaciones sobre politiquería interna de los medios de comunicación me interesan. Y como buena ex alumna del máster de El País, las de El País, más. Por eso tardé minutos en suscribirme al recién creado twitter del comité de empresa del citado diario (@comite_elpais).

Los redactores del periódico de Miguel Yuste llevan meses peleando con la empresa a cuenta de sus condiciones laborales. Un diario cuyo convenio colectivo se estudiaba en su día como modelo hoy pretende consagrar una doble escala salarial (según vengas “del papel” o del digital) y mermar derechos de sus redactores y más aún de sus siempre maltratados colaboradores. Ya me di cuenta en su día de que una cosa es la línea editorial (más o menos progresista, aunque últimamente ni eso) y otra bien distinta la línea empresarial, y parece que esto ha ido empeorando con los años, la deuda del grupo y la crisis general.

El caso es que, como medida de presión, hace unos días la mayoría de redactores dejaron de firmar sus noticias. Una medida valiente pero, creí yo, inútil. ¿Cuántos lectores leen la firma de una noticia? ¿Cuántos lectores saben que Fulanito de Tal es el que siempre sigue al PSOE y Menganita la especialista en Educación? Nadie. Sólo miramos las firmas los gabinetes de prensa y las fuentes (para saber a quién llamar si hay que protestar o suplicar que nos publiquen algo) y los propios periodistas (que son más propensos a tener egos importantes que otros trabajadores, creo yo).

Y en esas estaba hasta que las “cuatro jotas” (es decir, el director de El País, Javier Moreno, y sus tres antecesores: Jesús Ceberio, Joaquín Estefanía, Juan Luis Cebrián) han publicado una tribuna incendiaria, “Transparencia frente a Fuenteovejuna“, acusándoles precisamente de ser eso, “Fuenteovejuna”, escondiéndose todos detrás de una anónima falta de firmas. ¿Se puede ser director de un diario tan importante y cometer semejante error de comunicación?

Primero: Los lectores que no se habían dado ni cuenta, ahora saben claramente que los trabajadores de El País están jodidos por su empresa (¿cuántos de esos que escriben a la Defensora del Lector diciendo que “su periódico de toda la vida” se plantearán ahora si su periódico es la cabecera o los curritos que la hacen?).

Segundo: Confirma y hace público algo que yo creo que a los lectores no les gustará: lo que he dicho antes de que para El País una cosa es la empresa y otra la línea editorial (pidiendo que los temas laborales se resuelvan en un foro y los del ejercicio de la profesión en otro). Aparte de que esa distinción entre ética profesional y condiciones laborales es ficticia e interesada: un periodista que está jodido laboralmente tiene muchas menos posibilidades de escribir libremente y en conciencia.

Tercero: Demuestran al comité que su postura ha tenido éxito. Una medida tan tonta como dejar de firmar (algo a lo que en Cuatro, por ejemplo, obligó en su momento la empresa), que ni siquiera supone merma económica porque no es una huelga que impida que salga el periódico, hace tanta pupa que los cuatro directores salen ladrando (“luego cabalgamos”, pensará el comité de empresa).

Cuarto y más importante: ¿Cómo se les ocurre insultarles llamándoles “Fuenteovejuna”? ¿A quién demonios de los cuatro se le ha ocurrido ese titular? ¿Es un infiltrado del comité? ¡¡En qué cabeza cabe!! En el imaginario colectivo Fuenteovejuna es algo muy positivo. Es un pueblo unido contra el malvado comendador. Es solidaridad, altruismo, comunidad, sociedad, pobres contra el rico, muchos David unidos contra Goliat. ¿Pero de verdad no se dan cuenta los cuatro directores que acaban de poner a toda la ciudadanía con los redactores y contra la empresa? ?No han leído ninguno de los cuatro a Lakoff y su teoría de los marcos? ¿Cómo cuatro personas que cometen semejante error de comunicación corporativa son o han sido directores del periódico más influyente y que a más políticos ha puesto de rodillas en este país?

Y quinto para acabar (spoiler): Que sepan los cuatro jotas, por si no la han leído o visto, que en la obra de Lope de Vega, al final, gana Fuenteovejuna, que obtiene el favor del rey.

Luego dirán que cualquier periodista sirve para comunicación corporativa. Pena de profesión. En todos los sentidos.

Actualización: respuesta que el comité de empresa está circulando porque al parecer el periódico se niega a publicarla.
Me pregunto qué dirá la defensora del lector de todo esto. No me gustaría estar en su pellejo.