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Conspiranoias y televisión septiembre 23, 2011

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Me encanta la ficción sobre política, que casi siempre es en realidad política y periodismo, las dos cosas juntas, porque si una película o serie sobre políticos actuales no incluye su buena dosis de medios de comunicación, no me parece creíble. Para bien o para mal, la política en el siglo XXI sin comunicación no existe.

En este sentido, obviamente, como tantos otros, adoro El Ala Oeste de la Casa Blanca, pero me gusta ampliar mis horizontes. En mi búsqueda de series en el HMV de Oxford este verano, vi una que me sonaba (el Blog Quinta temporada había hablado de ella un mes antes) y, tratando sobre periodistas y políticos, no me pude resistir a llevármela a casa.

Acabo de terminar State of Play, y mis sensaciones son contradictorias. Creo que está muy bien hecha. Es un thriller complejo (muy complejo) que comienza con dos asesinatos y se complica con alta y baja política, infidelidades, triángulos amorosos, traiciones… Todo en seis capítulos, todo sin que pierdas el hilo y todo sin pararse a respirar. Podría decir que es fantástica, pero tiene un pequeño problema: yo, personalmente, no me la creo, a pesar de las buenas interpretaciones de sus actores.

El problema es que es muy maniquea. Por un lado, los periodistas son buenísimos: un equipo de unas cinco personas se pasa semanas o meses investigando un tema sin publicar ni una sola línea con el apoyo incondicional de su editor, encuentran información y consiguen la complicidad de sus fuentes con mucha más agilidad que la policía, se plantean dudas morales y aguantan la historia hasta que no lo tienen todo atado… Vamos, no sé cómo trabajarán en The Guardian, pero me apuesto los dos brazos a que ningún medio español ni sus periodistas trabajan así. Y por otro lado, los políticos son malos malísimos: traicioneros, oscuros, conspiradores…
Ni tanto, ni tan calvo en ninguno de los dos ámbitos, creo yo. Por eso no he terminado de creérmela. Aunque aún así la recomiendo. Es un gran thriller. Pero es de esos que alimentan la conspiración y la paranoia. Esos que hacen que, cuando alguien ve El Ala Oeste, considere que “no es realista” porque no hay corrupción. Esos que destrozan mis esfuerzos por explicar que, en líneas generales, la política no es tan mala.

También me ha generado ciertas reflexiones sobre la visión del periodismo que transmite. Como digo, los periodistas de esta serie son “perfectos”. Y aún así, es práctica habitual pagar a las fuentes, espiar, conseguir información de maneras más o menos ilícitas. Siempre he dado por supuesto (y creo que en España es bastante habitual pensar eso) que un periodista que necesita pagar por su información no es un buen periodista, y una fuente que cobra no es de fiar puesto que, con tal de cobrar, podría contarte cualquier cosa. Y aún así, en esta serie, metidos en faena, como espectador justificas perfectamente los pagos que realizan. Es curioso. Debe ser cuestión cultural con el periodismo británico. Si allí es práctica habitual no es de extrañar que al final se bajen los estándares hasta extremos que acaban convirtiéndose en escándalo cuando se miran desde lejos y se convierten en “las escuchas de News of the World”. Por otra parte, aquí se puede decir directamente que no tenemos verdadero periodismo de investigación, o sea que la verdad, no sé qué prefiero.

Y lo que más dudas sobre la visión del periodismo me ha generado es el final. Voy a comentarlo, lo que significa que a partir de este punto (y en cursiva para facilitar que se distinga) es un gran SPOILER que puede destrozar la serie a quien lo lea. Advertidos estáis:

Los esforzados periodistas consiguen atar toda una trama de corrupción con pruebas que demuestran que una petrolera había espiado al Gobierno y, lo que es peor, que el Gobierno lo consentía a cambio de prebendas (no personales sino “para el país”) de la petrolera. Es el caso del siglo: contarle a los británicos cómo las petroleras son focos de podredumbre que contaminan a su Gobierno. A punto de publicar la historia, el caso da un giro y el origen de la investigación, un asesinato sin resolver, es resuelto. El culpable (gran spoiler, en serio, no sigas leyendo) es el político amigo del periodista protagonista.

Explicado esto, mi reflexión: cuando lo he visto he pensado “joder, qué putada, si lo publican destrozan su propia historia, que publiquen la corrupción y al día siguiente el culpable de asesinato, que si no una cosa va a ocultar la otra”. Porque, pensemos, ¿qué es más importante para la ciudadanía, que las petroleras y el Gobierno van de la mano o que a una pobre chica la mató un diputado? Obviamente no te puedes callar que tienes la confesión en exclusiva del diputado, pero entonces, da las dos historias… Están interrelacionadas y son importantes. En la serie, el periodista protagonista amigo del asesino pasa su crisis pero finalmente la serie acaba con que el periodismo “triunfa” y la portada del periódico lleva al día siguiente una gran foto del diputado con el titular de que confiesa el asesinato de su ayudante. La cámara nos lleva entonces a la rotativa y nos muestra el resto de titulares y fotos: el “asesino”, su mujer, la víctima, a la otra víctima que dio la primera pista… Cualquiera pensaría que la historia acaba bien, que se descubre al culpable, pero quizá mi deformación profesional me lleva a pensar: “¡Oh dios mío, la petrolera y el gobierno se salen con la suya! ¿dónde están los titulares sobre el espionaje y la corrupción?” No sé si quien escribió la serie, Paul Abbott, quería dar un último mensaje de cinismo: tanta investigación para que al final un asesinato oculte la noticia importante. Me temo que no, que realmente la serie acaba “bien” y que lo que ocurre es que “castigar” públicamente al culpable del asesinato es considerado más importante que pararle los pies a las manitas entre Gobierno y petroleras. Obviamente, el asesinato y la corrupción están relacionados, se entiende que todo el otro caso también saldrá, pero no sé… Mi viejo corazoncito de ex jefa de prensa necesita titulares. ¿Me he vuelto un poco cínica? Y con esto acabo mi spoiler-reflexión sobre la última parte del último capítulo.

Sólo una cosa más, como parece que me he propuesto mencionar a Doctor Who en todos mis post, no puedo dejar pasar la oportunidad de decir que el periodista principal y coprotagonista de la serie es John Simm, The Master en algunos de los mejores capítulos de la era David Tennant de Doctor Who. Por cierto que he tenido que leer su ficha en el IMDB para darme cuenta, lo que hace un tinte de pelo…

Un tipo extraño de tristeza septiembre 11, 2011

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El último capítulo de Doctor Who me hizo llorar.

Hace unos 12 años, cuando estudiaba tercero de carrera con una beca Erasmus en la Universidad de Sussex, leí un artículo de filosofía estética cuyo título nunca he olvidado: A Strange Kind of Sadness. En los últimos días he vuelto a recordarlo: con el vídeo del perro del que hablaba ayer, con el primer capítulo de The Sarah Jane Adventures que mencionaba el otro día, y sobre todo, con el capítulo de hoy de Doctor Who, The Girl Who Waited, que me ha hecho derramar enormes lagrimones.

Mi mala cabeza no me permite recordar cuáles eran las conclusiones de aquel artículo. Sospecho que no debían ser muy concluyentes o que no me convencieron. Lo que nunca he olvidado, y supongo que en los textos de filosofía generalmente el mérito está ahí, es la pregunta que se planteaba: más o menos, que por qué hay cosas que nos ponen tristes y en cambio nos gustan, nos resultan placenteras. La tristeza de verdad no se puede disfrutar lo mires como lo mires, pero ahí están las canciones, las películas, los episodios de series que son “placeres estéticos” que nos ponen tristes y en cambio nos encantan. Nos gusta llorar y nos sentimos mejor después.

Generalmente me cuesta llorar, pero cuando una de esas ficciones conecta conmigo, sólo la vergüenza de que quizá alguien me vea me impide entregarme completamente a la liberación que supone dejarse llevar por las lágrimas. Después te sientes feliz, descansado. ¿Por qué? El llanto libera. Incluso cuando es una situación real la que nos hace llorar, el hecho de llorar nos hace sentir algo mejor después.

Pero el disfrute de ese tipo extraño de tristeza no se debe sólo a la liberación fisiológica de las lágrimas. Hay canciones que, sin llegar a hacernos llorar, nos ponen tristes. No se los demás, pero a mí una canción que me haga eso es muy probable que se ubique entre mis favoritas (me viene a la cabeza Under the bridge, de los Red Hot Chilli Peppers). Así pues, hay algo más. Tiene que haber algo que nos haga disfrutar de la tristeza, al menos de cierto tipo de tristeza, la generada por el arte. Dicen que los masoquistas disfrutan el dolor porque genera endorfinas. ¿Qué genera la tristeza para que pueda gustarnos? Y, sobre todo, ¿cómo es capaz una narración, una pieza de arte, de provocarnos ese sentimiento?

Maravillas de internet, he encontrado la referencia a aquel artículo. Ahora sólo me falta encontrar una biblioteca que reciba el Journal of Aesthetics and Art Criticism y lo tenga disponible al público desde 1982. En realidad no creo que nunca lo vaya a buscar, pero seguiré dándole vueltas a la idea, triste por no encontrar solución, pero feliz por estar buscándola. De todos modos, si alguien que trabaje en una universidad me quiere hacer llegar el artículo estaría muy agradecida (aunque sospecho que es probable que satisfaga más mi curiosidad la respuesta que pueda dar de este tema un neurocientífico que la filósofa que me hizo pensar en ello por primera vez). La referencia es:

A Strange Kind of Sadness
Marcia M. Eaton
The Journal of Aesthetics and Art Criticism
Vol. 41, No. 1 (Autumn, 1982), pp. 51-63
(article consists of 13 pages)

Llorar con la lotería septiembre 10, 2011

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http://www.youtube.com/watch_popup?v=fER-WhFUzoA

No tiene nada que ver con series de televisión, pero he visto hoy este vídeo (lo ha twitteado Stephen Fry, un actor, cómico y twittero británico) y la verdad es que se me han saltado las lágrimas (la segunda vez que lo he visto, literalmente). Ya tiene mérito que un anuncio de lotería genere ese sentimiento. Es como los anuncios de Pancho (¿qué anunciaba? ¿Bonoloto? ¿Once?) pero en plan rodaje espectacular e historia preciosa, en lugar de chabacanería hispánica.

Supongo que lo han hecho sólo para que se difunda viralmente, porque dura dos minutos y medio, pero es que realmente merece la pena hacerles el juego de reenviarlo ¡Es tan bonito! Me pregunto si no lo emitirán también en los cines. La verdad es que en pantalla grande tiene que ser espectacular. Ya me imagino a media sala llorando aún antes de que empiece la peli… Me pregunto que tendrán los perros y la lotería para que aparezcan asociados tan a menudo…

El primer paso septiembre 6, 2011

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Imagen promocional de los capítulos de la tercera temporada de The Sarah Jane Adventures “The Sarah Jane Wedding”, en los que aparece el décimo Doctor

Ok, otro mini post antes de encontrar algo interesante que decir para escribir un post largo:

Ha llegado el momento de reconocer que estoy enferma: el primer paso para recuperarse de una adicción es reconocer que se tiene un problema… Y yo lo tengo con Doctor Who.

Entre ayer y hoy he visto por primera vez un par de capítulos de la spin off infantil de mi serie de ciencia ficción favorita. The Sarah Jane Adventures es muy para niños: bromas blancas, tramas sencillas y un solo nivel de lectura… Y aún así, he de reconocer una cosa:

Al final del segundo capítulo, Sarah Jane Smith explica al niño Clyde Langer cómo descubrió los aliens. Le cuenta que conoció a un hombre, llamado “el Doctor”, extraterrestre también, que la llevó a ver las cosas más inimaginables, con el que viajó por el espacio y el tiempo, y que después la dejó atrás, con su legado: para ayudar y proteger… Y que espera volvere a ver algún día. Lo que he de reconocer es que, en ese momento, cuando pretenden hacer una escena sentimental en una serie cuyo público objetivo tiene, digamos, ocho años, confieso que yo, a mis casi 32, me emocioné.

En fin, reconocerlo es el primer paso para solucionar un problema… ¿Pero qué tal si para compensar me leo algún libro muy sesudo y ya está? Al fin y al cabo, ¿qué chica no desea un pintalabios sónico? 😉

Pd (tras haber visto hasta el capítulo seis). Podría justificarme y decir que lo que pasa es que veo a Sarah Jane como una metáfora en la que buscar un reflejo: mujer fuerte que se queda sola pero le da igual porque no necesita a nadie, ya que tiene sus maquinitas, sus aliens y su vida que sus vecinos no comprenden pero a ella no le importa porque es una vida más interesante que la de los demás, aunque en realidad sólo acaba siendo feliz de verdad cuando crea una familia con su “hijo” adoptivo y los amigos de éste y por tanto deja de añorar a su doctor… Pero sería darle a la serie una profundidad mucho mayor de la que pretende tener ¿No?

Vuelve el doctor septiembre 4, 2011

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Acabo de ver Let’s kill Hitler, el octavo capitulo de la sexta temporada de Doctor Who, el primero tras el parón veraniego. Sólo puedo decir dos cosas: 1. Joe, el tema de las líneas temporales es cada vez más complicado, ya estoy perdida sobre quién hace qué y sobre todo cuándo. Y 2. Dioooosss. Qué adictiva es esta serie y cómo me gusta!!

Me pregunto, por cierto (y sólo los que estéis al día con la serie entenderéis la pregunta) The Silence y Silence in the Library tendrán alguna relación? Al fin y al cabo, en aquel capítulo conocimos a River Song y sabemos cómo acabó…

En fin, en breve tendré que retomar el blog, tras el descanso veraniego. Estas semanas han sido productivas en cuanto a series, o sea que tengo mucho que contar: acabé Game of Thrones, me queda un capítulo (aún no emitido para acabar Torchwood y también estoy al día con la emisión estadounidense de la que parece que va a ser la última temporada de The Closer. En cuanto coja ritmo de trabajo retomaré el blog hablando de esos y otros temas… Aunque quizá le tenga que hacer un hueco a una nueva obsesión: llegar a fin de mes con mi nueva hipoteca y reformar y amueblar mi precioso piso (definitivamente, agosto ha sido un mes muy productivo).

Antena 3 emitirá Torchwood agosto 22, 2011

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Acabo de ver un anuncio de Torchwood Miracle Day “próximamente en Antena 3”. ¡Qué bien! Para entonces yo la habré visto, pero por lo menos se hablará de ella y la gente sabrá a qué me refiero cuando menciono al Capitán Jack Harkness.

A Antena 3 le ha dado por comprar series muy buenas últimamente (anunció que compraba Sherlock, ha emitido Downtown Abby…). Bienvenida sea la apuesta. Ahora, que no sé yo qué tal va a funcionar la cuarta temporada de Torchwood en un país que no ha visto las tres primeras ni Doctor Who. Espero que bien, que cuanto mejor le vaya a la serie más posibilidades de que haya quinta temporada.

La parte mala es que esto explica por qué el Global iPlayer de la BBC no ofrecía la última temporada de Torchwood. Para vendería en España.

Del papel a la pantalla agosto 9, 2011

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Los libros de Canción de Hielo y Fuego me tientan en los escaparates de todas las librerías desde que Juego de Tronos se convirtió en un éxito de audiencia

No sé si leer la saga épica de George RR Martin Canción de hielo y fuego. La serie Juego de Tronos me ha gustado demasiado, no quiero verle defectos comparándola con los libros, o perder la emoción de verla si sé lo que va a pasar después, o renunciar a ella si las novelas que la inspiran resultan ser mucho mejores.

Por otra parte, hay que esperar tanto hasta la siguiente temporada para saber cómo continúa la evolución de sus complejos personajes que quizá recurrir a los libros ya publicados (cinco hasta el momento, si no me equivoco) puede ser una buena solución para pasar el mono… Y es que el final de la primera temporada de Juego de Tronos no deja precisamente resuelta la trama. Es un cliffhanger en toda regla, y me de la impresión de que así van a ser todas las temporadas que dure, porque así son, al parecer, sus libros (me cuentan que los fans de Martin sufren con la idea de que su descuidada salud no le permita acabar la saga).

La relación entre páginas y pantallas suele ser complicada. Personalmente, procuro huir del extendido esnobismo de considerar siempre mejor al libro, más ahora que las series de televisión permiten, por su duración, profundizar en los personajes tanto como sea necesario, a diferencia de las películas, que tienen que “contarlo todo” generalmente en menos de dos horas. Por no decir que hacer una buena serie es mucho más difícil (y costoso) que una buena novela. Al fin y al cabo, no sólo hay que contar una gran historia valiéndose de un uso virtuoso del lenguaje (escrito en un caso, audiovisuales el otro), sino que en las series además hay que dar con el casting adecuado, la música, la ambientación, hacer equilibrios con el presupuesto, dar material para atrapar a la audiencia y garantizar así la continuidad del proyecto…

Y a pesar de pensar todo esto, procuro no mezclar. Es muy difícil que la serie y el libro sobre el mismo tema me gusten a la vez, y sin que uno de los dos tenga que pagar un precio. Lamento, por ejemplo, que ya no puedo recordar la cara del Aragorn o Legolas con los que me obsesioné con menos de 15 años. Ahora sólo veo a Viggo Mortensen y Orlando Bloom en su lugar. Y aunque la película de Peter Jackson sobre El Señor de los Anillos me pareció fantástica y pienso correr a ver El Hobbit si por fin llegan a extrenarla, me sienta fatal que se haya superpuesto sobre mi propia imaginación y me haya hecho olvidar el libro que tantísimo me gustó de adolescente.

En otras ocasiones, he preferido salvar el libro antes que la serie. Por ejemplo, al comprobar que el último capítulo de la primera temporada de True Blood dejaba un planteamiento completamente distinto al de Dead until Dark, el primer libro de la saga de The Southern Vampire Mysteries que hasta entonces había seguido fielmente, opté por conservar en mi cabeza a la Sookie Stackhouse de los libros de Charline Harris mejor que a la de Allan Ball, creador de maravillas como Six feet under. Cualquiera de los dos no sería más que un placer culpable, ya que profundidad, lo que se dice profundidad, no tienen. ¡Pero me lo paso bien!

Para acabar, mencionar que a veces el salto se produce a la inversa, de la pantalla a la tinta, sobre todo como historias paralelas y continuaciones de la saga o precuelas. En este caso, me atrevería a decir que la duda se inclina siempre al lado de la producción audiovisual, puesto que sus descendientes en papel no son más que subproductos de marketing para rentabilizar el filón. Ya apenas recuerdo unas novelas sobre Luke, Han Solo y los demás de La Guerra de las Galaxias que leí en su momento y que implicaban a una jedi pelirroja. Aún así, ¡Quién le echara el guante a los cómics sobre Doctor Who! 😉

La mejor BBC en tus manos julio 29, 2011

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Buenas noticias para los amantes de las buenas series, la libertad de horarios para verlas y la legalidad. Esta semana ha llegado a España (y otros 10 países) el iPlayer global, la posibilidad de ver las mejores series de la BBC, clásicas y actuales, por una cuota de 6,99 euros al mes o 49,99 al año.

IPlayer ha aterrizado en Europa de momento exclusivamente en forma de aplicación para el IPad. Su formato es bello e intuitivo, muy similar (en negro y fucsia) a su aspecto en Reino Unido.

Al igual que el servicio original, iPlayer no es un archivo de todas las series de la BBC, sino que programa la puesta en emisión de las series en determinadas fechas, y después de un tiempo las retira y ofrece otras. La selección incluye, no obstante, tanto series antiguas como modernas y recién emitidas. Eso sí, no ofrece los mismos contenidos que iPlayer tiene en Inglaterra, ya que los derechos de emisión no son los mismos en los distintos países.

Así, por ejemplo, mientras que tenemos toda la nueva época de Doctor Who (incluido el último capítulo emitido en junio), de Torchwood tenemos sólo las tres primeras temporadas, pero no la cuarta, que se está emitiendo ahora, imagino que por aquello de que está coproducida con Starz que tendrá sus propias ideas para la comercialización internacional. La BBC anuncia que se irán incorporando cada vez más contenidos, siempre sujetos al tema de los derechos en cada país.

¿Por qué no me he suscrito todavía? Mi inglés no es malo, pero necesito la ayudita de los subtítulos, aunque sean los preparados para personas con discapacidad auditiva en el idioma de Shakespeare. Contactado el servicio de atención al cliente, me comunican que piensan incluir subtítulos “en algún momento del futuro”. Así pues, habrá que seguir su twitter (@BBCiPlayerGLBL) para enterarme de cuándo ese “some point in the future” se materializa para poder así disfrutar legalmente de algunas de las mejores series del momento.

Si todas las grandes productoras siguieran el ejemplo de la BBC, seriesyonkis tendría sus días contados… Pero claro, prefieren seguir explotando el obsoleto sistema de venta a las cadenas extranjeras y venta, meses después, en DVD en lugar de permitirme ver la serie cuando se estrena en su país de origen, que es cuando me apetece, ya que desde que existe internet el marketing y los fans no entienden de fronteras.

Torchwood is ready julio 19, 2011

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Vídeo de Youtube con la cabecera inicial que he echado de menos en el retorno de Torchwood.

El mayor problema de “Miracle Day”, el primer capítulo de la cuarta temporada de Torchwood, es que se acaba demasiado pronto. Esta frase es un elogio (hubiera seguido viendo tres capítulos más, si los hubiera tenido) y una crítica: lo único que hace Torchwood en los primeros 51 minutos de la temporada llamada “The New World” es presentar a los personajes, la mitad de los cuales son de sobra conocidos para los viejos fans.

Pero The New World no es exactamente la cuarta temporada de Torchwood. Es la primera de su nueva época, que la BBC coproduce con el canal de cable estadounidense Starz. Torchwood necesita, por tanto, darse a conocer a un nuevo público, que no ha venido siguiendo las andanzas del Capitán Jack Harkness desde que en 2005 apareciera por primera vez en Doctor Who o en 2006 emepezase a liderar su propio equipo en la Roald Dahl Plass de Cardiff. Por eso necesita dedicar 51 minutos a presentación de personajes. Pero el problema es que los que vimos la genial Children of Earth sabemos que esos personajes adquirieron un demoledor nivel de dramatismo y emoción que en Miracle Day brillan por su ausencia. No obstante, no deja de ser una vuelta a la aventura pura y dura que Torchwood fue en un principio.

No me disgusta y confío en la evolución a lo largo de toda la temporada, pero me pregunto si todo este nuevo mercado al que se han abierto con Starz será fiel a una serie que emplea todo un capítulo en presentar superficialmente a sus personajes. Quede claro que no estamos hablando de The Wire. Quien vea Torchwood espera aventuras y acción con alienignas, no arte y ensayo, cosa que, de cualquier manera, tampoco busca ofrecer.

El tema me preocupa, porque es importante que guste a los advenedizos si queremos asegurarnos futuras temporadas. Desde luego, yo estaré ahí para ver el segundo capítulo, pero ¿quién más?

Por lo demás, algunos otros aspectos reseñables:

La primera decepción es la cabecera. Olvidáos de aquel “Outside the Government, beyond the police” que me pone los pelos de punta cada vez que la escucho (y con la que encabezo este post). Lo han suprimido (es cierto que en la tercera temporada tampoco lo usaron, pero es que Children of Earth era especial). En cuanto a esta nueva temporada, imagino que ahora que se incorporan agentes de la CIA esa descripción se da por supuesta… Y en cuanto al final con lo de que “el siglo XXI es cuando todo cambia y tenéis que estar / Torchwood está (dependiendo de la temporada) preparado”, supongo que no tendría mucho sentido mantenerlo teniendo en cuenta que [spoiler de la 3ª temporada] en 2009 acabamos con la destrucción del cuartel general de Torchwood, la muerte de la mayor parte del equipo y la disolución de la ordanización.

En otro orden de cosas, me gustó la estampa de Gwen Cooper disparando su arma con nervios de acero contra un helicóptero que intenta matarla mientras con el brazo izquierdo sostiene a su bebé. Me recordó a mi reciente post Mujeres Fuertes.

Y qué decir de las apariciones del Capitán Jack Harkness. Él es Torchwood y te hace olvidar cualquier duda sobre la serie cada vez que sale en pantalla. Esta especie de Bruce Willis bisexual, como le definían en una crítica estadounidense es lo que te hace pasar todo el capítulo temiendo que se acabe. He de decir, por cierto, que me parece que han pasado un poco por él los años, aunque sigue siendo muy guapo. Quizá sea que [pequeño spoiler] el hecho de poder morir haga que no esté en todo su explendor…

Ya para acabar, un comentario tonto: Me va a venir de perlas, a mí que siempre he sido dura de oído para los acentos, para aprender a distinguir al menos el galés del estadounidense.

Y por último, acabo de leer en Digital Spy que la BBC ha dicho que va a cortar en la emisión británica una escena de sexo bastante explícita del Capitán con otro hombre. Manda huevos que al final vaya a ser Starz, de la que todos temíamos que cercenase la faceta homosexual del héroe, la que acabe resultando la más liberal. La BBC se justifica, según Digital Spy, en que no es lo mismo una cadena de cable que BBC One en horario de máxima audiencia y en que tienen muchos seguidores jóvenes. Menos mal que añaden que es por el sexo, no por la homosexualidad (¿!).

Actualización: Ayer vi el segundo capítulo. De nuevo: 50 minutos es demasiado corto. ¡Quiero más!
Actualización 2: tercer capítulo visto. La trama se pone interesante… Y han hecho un guiño a los whovians que me ha encantado: al ver la gigantesca parte de atrás de un almacén Jack murmura para sí aquella frase tantas veces oída en otra serie: bigger on the inside… Je je. Me encanta!

Murdoch y Satellite 5 julio 18, 2011

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Imagen de Satellite 5 (Doctor Who, primera temporada de la nueva época) tomada de la web de la BBC

Un periódico cuyos periodistas tienen como práctica habitual pinchar los teléfonos de políticos, famosos e incluso víctimas de secuestros y asesinatos y sus familias. Periodistas que deberían ser objeto de investigaciones policiales y que en su lugar actúan como asesores de la polícia y mientras pagan estancias en hoteles de lujo al mismísimo director de de Scotland Yard. Unos directivos de medios de dudosos métodos que acogen en su casa en Navidad al primer ministro y su familia. Un magnate de las comunicaciones que después de poseer la mayor parte de los principales periódicos de un país quiere hacerse también con el 100% del control de un canal de televisión del que ya tiene buena parte. Un permiso para la compra que tiene que ser concedido por el Gobierno cuyo máximo responsable de comunicación es un ex directivo de esa misma corporación…

Tiene todos los ingredientes para ser uno de esos thrillers devastadores en los que no tiene las manos limpias ni el apuntador, tipo The Wire pero a lo grande, refiriéndose a un país entero en lugar de a una ciudad. Lo terrible es que es real y cada día que pasa conocemos detalles todavía peores. La buena noticia es que lo sabemos porque la indignación popular y el buen trabajo de otros medios (principalemtne The Guardian y la BBC) ha llevado a poner en primera línea el tema y a que tanto el director de Scotland Yard como varios directivos de News International hayan dimitido. Incluso, el magnate Rupert Murdoch en un intento desesperado por salvar su operación de compra de British Sky Broadcasting (BSkyB), una cadena de televisión vía satélite, cerró el periódico News of the World. Pero la operación de imagen no fue suficiente y, además de perder a sus principales directivos en Reino Unido, ha tenido que acabar renunciando a la compra del canal.

Los múltiples twitters británicos que sigo han sido un hervidero de cometarios sobre el tema en los últimos tiempos. Entre ellos, particularmente certeros me han parecido los del guionista, actor y novelista Mark Gatiss, al que sigo por estar vinculado a dos de mis series favoritas, Doctor Who y Sherlock. Baste decir para ver su actitud, por ejemplo, un lacónico tuit de hace cuatro días en el que simplemente dejaba caer “Rosebud…” (para despistados: es el nombre del trineo infantil que murmura el magnate de las comunicaciones de Ciudadano Kane en su lecho de muerte, el McGuffin que da lugar a toda la película). Me gustó particularmente, por sentirme muy identificada cuando, hace un par de días, publicó: “Cuando el presentador dice ‘en otras noticias’ quiero gritar ‘que le jodan a eso! quiero saber más sobre ESTAS noticias!’ #NOTW” (NOTW significa News Of The World, el periódico de las escuchas).

A raíz de ese comentario, he recordado varios episodios de Doctor Who, escritos por el guionista y productor Russell T Davis (bien podrían ser del propio Gatiss, que escribió otro en la misma temporada), que parecen una crítica a un futuro que, en cierto sentido, es el presente, así que he pensado que bien está recordarlos en este post. Murdoch estaría feliz si poseyera Satellite 5, el lugar donde se desarrollan The Long Game (séptimo capítulo de la primera temporada de la nueva época, de 2005, de Doctor Who) y Bad Wolf (penúltimo capítulo de la misma temporada).

En adelante, SPOILERS:

En The Long Game, el Doctor descubre que Satélite 5 controla todas las transmisiones de información de la humanidad y que tiene a toda la ciudadanía pendiente de manera acrítica de cada boletín de noticias y a los periodistas obsesionados con replicar la información que les dan para el próximo noticiario, no de investigarla. El editor de Satellite 5 explica que gracias al satélite han convertido el Imperio en un lugar en el que a los humanos se les permite vivir, usando noticias manipuladas para inculcar el miedo en la raza humana, para mantenerlos en una sociedad cerrada. Todas estas acciones han sido orquestadas por un consorcio de bancos y por “el Redactor jefe”, Poderoso Jagrafess del Sagrado Hadrojassic Maxarodenfoe (“Max” para acortar), un bicho enorme que está pegado al techo.

Como no podía ser de otra manera, el Doctor libera a la humanidad con ayuda de sus acompañantes y de una periodista que se quita la venda de los ojos (¿la BBC, El Guardian?) y acaban destruyendo Satellite 5. Final feliz que parece una metáfora de lo que estamos viviendo en estos momentos.

Pero, para los pesimistas, hay que señalar que la historia de Satellite 5 no acaba con la explosión del editor en jefe. Varios capítulos después, el Doctor vuelve a caer en Satellite 5, para encontrarse con que ahora lo controla Badwolf Corporation, que se dedica a emitir concursos y reality shows. En Bad Wolf, penúltimo capítulo de la temporada, el Doctor descubre espantado que había sido responsable del estancamiento de la humanidad, enajenada frente a unos televisores que sólo emiten telebasura desde que “hacía cien años” (no olvidemos que el Doctor viaja en el tiempo) las retransmisiones informativas pararon de repente. La trama después se complica para acabar en el emocionante último capítulo de la temporada, The Parting of the Ways, en el que se termina la historia del noveno doctor.

Así pues, aviso a navegantes: o la opinión pública británica ha sido el héroe que ha evitado que Murdoch y News International se hagan con el control de BSkyB (¿Satellite 5?) y tenemos así un final feliz de la aventura, o la realidad supera a la ficción y el imperio mediático Murdoch aún tiene mucho que decir. El cierre de un periódico no es ni mucho menos un paso hacia la libertad, aunque conocidas sus malas prácticas a primera vista lo parezca. Además, no olvidemos que Reino Unido es sólo una pequeña islita del imperio News Corp. del australiano Murdoch.