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Fin de temporada mayo 13, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Series de televisión.
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Hace una hora he acabado de ver la cuarta temporada de Mentes Criminales (ABC / CBS, 2009) y hace unos minutos he terminado la tercera temporada de Fringe (Fox, 2011). Me quedaban por ver el ultimo capitulo de cada una de esas dos temporadas y este viernes ha sido el día elegido…

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¡Joder! ¡Que mal cuerpo dejan los finales de temporada! Y menos mal que ninguno de los dos ha sido final de serie (Mentes criminales está emitiendo ahora la sexta temporada, con una séptima confirmada, y Fringe ha confirmado también una cuarta para otoño) porque si no hasta me podría haber entrado una depre. Es curioso que por terminar con una simple ficción se pueda desarrollar sensación de pérdida. Y también es muy curioso que en el fondo esa sensación nos guste, y nos sometamos a ella una y otra vez leyendo más libros o viendo más series.

También me llama la atención cómo en las series de televisión puedes llegar a “encariñarte” con los personajes. En una película un personaje te puede caer bien o mal, te puedes sentir identificado o no, pero no te encariñas con él. En un libro en cambio sí puedes llegar a hacerlo. Podría ser porque lo imaginas a tu antojo, pero en realidad creo que es porque pasas muchas horas con él y lo ves evolucionar, crecer a lo largo de las páginas. Lo mismo ocurre con las series de televisión.

Una sola temporada de una serie puede durar, como en el caso de la que acabo de terminar de Criminal Minds, más de 17 horas. Multiplicado por varias temporadas significa que puedes conocer a esos personajes como si te hubieras ido de campamento con ellos, y todos sabemos que los niños hacen auténticos “amigos del alma” en los campamentos, aunque los olviden pocas semanas después.

Es muy interesante analizar cómo los guionistas aprovechan todo ese tiempo para contarte varias tramas a distintas velocidades, algo que no tiene mucho sentido en una película. En una serie generalmente tenemos la trama corta que dura un capitulo, la trama larga que se acaba en la temporada y la trama humana, el desarrollo de las relaciones entre los personajes y el crecimiento personal de cada uno de éstos, que suele durar la serie completa.

Es como un libro, pero más vívido porque no te transmite sensaciones sólo con palabras, sino también con música, sonidos, puntos de vista, imágenes. Si no fuera porque el arte está asociado a artistas individuales (escritores, pintores, escultores, la idea genial de un arquitecto aunque luego la lleve a la practica un equipo) estoy segura de que las series de televisón serían consideradas la máxima expresión narrativa de nuestro tiempo. Pero las series sólo se pueden hacer en equipo, equipos que además necesitan mucho dinero para funcionar, o sea que imagino que es mucho más útil y cómodo para todos, seguir considerándolas simplemente un producto comercial.

Cambiando de tema: me muero de ganas por contar mis impresiones sobre los impactantes finales de ambas (sobre todo Fringe, para que nos vamos a engañar), pero no lo haré para no ser acusada de esparcir spoilers por la bloggosfera, aunque uno de los episodios sea de hace dos años y el otro de hace una semana. Me solidarizo así con mi adorado Steven Moffat, el creador de Doctor Who, que buena polémica ha montado al pedir que ojalá fueran fans de otra cosa los “vándalos” que filtran spoilers. Casi se lo comen en twitter. Cada vez admiro más a los famosos que tienen twitters públicos y los usan de verdad, para contar sus cosas, no como meros escaparates para notas de prensa. La gente (“real people”, como diría Moffat, que es otra de las cosas que le han criticado) es muy maleducada cuando tiene la oportunidad de “hablar” con un famoso. No lo entiendo.

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Libre experimentación abril 21, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Series de televisión.
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Comencé a ver Fringe porque me gustan las series de ciencia ficción y las series policiacas, y ésta tenía un poco de las dos cosas. A medida que avanzaban los capítulos fui encariñándome, además, con los personajes. Luego la trama se fue complicando y los personajes, que al principio parecían simples y efectivos tópicos (mujer competente y distante, chico malo pero bueno, científico loco), fueron ganando multitud de matices y lecturas. Es normal, les ocurre a todas las buenas series. La diferencia con ésta es que, tras ver el último capítulo emitido, el 19 de la tercera temporada, no es que la trama se haya complicado. Es que echo la vista atrás y me doy cuenta de que la serie que estoy viendo no tiene nada que ver con la serie que empecé a ver en su momento. Y me encanta.

Es como si Fringe al principio fuera una serie bien hecha, sin más pretensión que entretener a una audiencia amplia, y ahora fuera un campo de pruebas experimental donde jugar con una audiencia entregada a ver hasta dónde aguanta y en qué punto dice “vamos, a J.J. Abrams se le ha ido del todo la cabeza” y cambia de canal.

Hace unos meses corrió como la pólvora por twitter la noticia de que Fox había cambiado la emisión a los viernes, antesala de la cancelación de una serie por baja audiencia. Y sin embargo, ha conseguido la renovación y, en cambio, ahora está más liberada que nunca para hacer lo que le dé la gana. Capítulos que te retrotraen a los años 80, como si estuvieras viendo una serie hecha entonces, con los personajes de la actual viviendo sus propias aventuras en aquella época (no un simple flashback, una serie completa, con adaptación de la cabecera incluida), capítulos en los que se olvidan de la trama habitual y se desarrollan en otro mundo, capítulos, como el que acabo de ver, en los que la mitad del tiempo la serie se desarrolla en dibujos animados… Y me doy cuenta de que me gusta que experimenten conmigo (quizá es una forma retorcida de hacernos sentir empatía por la protagonista, víctima a su vez de diversos experimentos). Quizá emitiese los viernes le ha dado alas a las rarezas. O quizá estuviera todo planeado desde el principio. El caso es que no deja de sorprender.

No acaban ahí las rarezas. Recientemente leía como un supuesto grupo musical de los años 70 que aparecía en un capitulo había sido “inventado” en un articulo de J.J. Abrams en Wired años antes, y supuestos discos suyos distribuidos en algunas tiendas de segunda mano para alborozo de los fans que los encontraron en Settle, San Francisco… La serie, su marketing (marketing en diferido), la realidad y la ficción y dentro de ésta diversos universos todo junto y mezclado para que la experiencia de ver la televisión sea mucho más que ver la televisión. Alucinante y genial.

Para alguien que se confiesa obsesionada con las series de televisión suena extraño decir que nunca vio Lost. No quita para que sepa, como media humanidad, que mucha gente quedó defraudada por un final no tan conclusivo como algunos esperaban. Esperemos que a la pequeña joya que es Fringe, del mismo genial creador, no le ocurra lo mismo.

Pd. Volviendo al título de este post, también sería interesante analizar la imagen de la experimentación científica que transmite, algo poco al uso hoy en día. Chapuzas y reciclado de materiales donde otras series ponen ordenadores y aparatos de última generación en los que sólo hay que darle a un botón, drogas duras para crear estados de conciencia alterados donde otras series no se atreven a sacar personajes fumando tabaco… Lo dicho, libertad de experimentación.