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Que nadie lo pase mal febrero 3, 2012

Posted by mispequenasobsesiones in Política, Uncategorized.
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Durante un tiempo, me entretuve escribiendo un libro, que jamás vio la luz, que solía definir cuando me preguntaban “como El Ala Oeste de la Casa Blanca pero visto desde el punto de vista más cínico, de una persona apasionada por la política pero desencantada”. Luego vi la serie The Thick of It y pensé que, en fin, es imposible inventar nada…

El caso es que estos días he recordado mucho el capitulito, comienzo del fin de la novela, en que el líder del partido progresista (Laboristas, los llamo) se dirije a sus bases en el mitin final de unas primarias celebradas mientras aún están en el Gobierno y encarando las elecciones generales. Puse en ese capítulo mucho de mis reflexiones sobre lo que era ser progresista, pero estos días más que por eso lo recuerdo por el párrafo final. Me temo que los candidatos oficiales del 38 Congreso me hacen pensar más en ese último párrafo que en el resto.

Copio aquí ese capitulillo suelto porque viene al pelo de la actualidad y también para reivindicar que la idea fuerza del discurso, “que nadie lo pase mal”, está escrita hace bastante más de un año, ya que he observado que mi lector más incondicional la ha plagiado vilmente en una publicación seria ¡Y en mayúsculas! (tómese la crítica con cariño).

Último cartucho

Mis asesores me han dicho que no me muestre derrotado, que no reconozca errores y que no mencione a mi oponente por su nombre. Mis asesores me han dicho que tengo que mostrarme como un líder fuerte, seguro de sí mismo. Mis asesores me han dicho que gesticule, para no parecer demasiado hierático, pero que no gesticule demasiado, para no parecer nervioso.

Pero ¿sabéis una cosa? Estoy harto de mis asesores de imagen. Esto no es un concurso de la tele. Esto es la máxima expresión de la política y la política se hace con ideas, no con segundos en el telediario.

Y aquí estamos, en este salón de actos, un candidato, un hombre que ha dedicado su vida al partido y al servicio público, y siete mil militantes. Siete mil personas con ideales, con integridad, con convicciones y solidarias. Siete mil personas afiliadas a un partido político en estos tiempos de individualismo egoísta. Siete mil personas que, a pesar de sus problemas diarios, sus trabajos, sus sinsabores, sacan tiempo, esfuerzo y energía para ayudar a construir un país, a través de la máxima expresión de la solidaridad y la convivencia en sociedad que es la democracia, y que no podría existir sin los partidos políticos y los militantes que los integran.

Sois voluntarios de las ONG más importantes de la democracia y, sin embargo, lo sé, cada día tenéis más difícil mostrar con orgullo vuestra afiliación porque nosotros, los que nos dedicamos a esto a tiempo completo, no estamos a la altura de las expectativas. Estamos más preocupados de ganar, de ser candidatos, de salir bien en los titulares, de tener muchos minutos de televisión, que de arreglar el mundo. Porque a veces nos olvidamos de que nuestro verdadero único objetivo es intentar arreglar el mundo entre todos, los militantes de base y aquellos a los que nos aupáis para que dediquemos nuestra vida a intentar plasmar vuestros ideales. Porque no nos engañemos: arreglar el mundo requiere tener ideales. No hay soluciones mágicas neutras.

Y, en cambio, aquí estamos, vosotros y yo, dedicando esta tarde de sábado a escribir quizá otra página de la historia de nuestro país. No nos equivoquemos: en política, todas las grandes decisiones dependen de todas las pequeñas decisiones individuales que se tomaron antes. De todos los que arrimaron el hombro, pensaron y apostaron por una opción o por otra.

Si hoy os gusta lo que veis en mí y confiáis de nuevo en mí, y mañana me dais vuestro apoyo frente al candidato Lucero, estaréis escribiendo una página de la historia de España. Con vuestro voto estaréis garantizando la reelección de un presidente del Gobierno laborista.

En este atípico discurso del candidato Romedales la mención a la posibilidad de ganar de nuevo el gobierno había sido la señal que los siete mil asistentes al último mitin antes de las primarias estaban esperando para poder descargar su emoción y adrenalina en aplausos.

Gracias. Gracias. Shhh. No aplaudáis todavía…. Pero lo importante no es ganar. Es saber para qué se gana. Yo tengo un proyecto de España. Soy laborista, y como laborista creo que nuestro país debe ayudar más a los más débiles para que seamos un país más solidario y justo, donde nadie lo pase mal.

“Nadie lo pase mal”. Suena grandilocuente, o naif, pero es la verdad. Mis asesores me han dicho que no debo hablar en negativo, pero me da igual. Ese debería ser nuestro objetivo: que nadie lo pase mal. Que nadie tenga un trabajo indigno, que a nadie se le cierren puertas, que nadie reciba un trato injusto, que nadie que necesite ayuda se encuentre solo. La sociedad existe para que, entre todos, consigamos que nadie lo pase mal. Todo lo demás es accesorio. Creo que todos estamos de acuerdo en eso. El candidato Lucero también lo está. Pero podemos diferir en el qué hacer para conseguir ese elevado objetivo que nos hace a los laboristas mejores personas que a los demás.

¿Y qué hay que hacer para que nadie lo pase mal? Yo creo que hay que defender hasta la muerte la igualdad de oportunidades para todos y proteger a los débiles, pero también tenemos que saber que proteger a los débiles no es atacar a los fuertes. Ya no hay una dicotomía entre obrero y empresario. Estamos en el siglo XXI, los empresarios no son el enemigo, sino el aliado que puede hacer que nuestro país crezca, que ganemos en bienestar, que tengamos buenos empleos, que tengamos un auténtico Estado del Bienestar. El capitalismo no es malo. Necesitamos que todos tengamos las mismas oportunidades de triunfar en él. Lo que es malo es el sometimiento irreflexivo e impotente al capitalismo. El laborismo debe utilizar el capitalismo a su favor para conseguir su objetivo. Nuestro objetivo no es crecer por crecer. Nuestro objetivo es que todo el mundo viva mejor. Para eso es necesario crecer y por eso estamos a favor del crecimiento. Pero no al revés.

Romedales esperaba en este momento otra ronda de aplausos, pero sus siete mil seguidores se habían distraído en el laberinto de palabras y nadie cogió el guante. Estaban, quizá, demasiado cansados después de horas en autobuses que les habían traído de toda España. Mateo Arcos, el jefe de campaña, había conseguido un lleno absoluto a base de esfuerzo e insistencia. Sólo le había faltado conducir él mismo los autocares.

Yo no he oído al candidato Lucero haciendo estas reflexiones. Sólo sé que tenemos los mismos objetivos, y en cambio él quiere ser candidato en lugar de mí a sólo tres meses de las elecciones y eso, vosotros que estáis aquí lo sabéis bien, es un gran riesgo. No se puede cambiar de caballo en mitad de la carrera.

Entones ¿por qué quiere presentarse? Le he estado dando muchas vueltas a los motivos de Lucero, porque a mí todo lo que ocurre en el partido me preocupa, yo necesito entender.

No creo que sea ego personal, no. Nadie da este paso sólo por ego, creo yo.

Creo que Julián Lucero está decepcionado. Está decepcionado conmigo. No he hecho todo lo que queríamos hacer en la primera legislatura laborista. Es cierto. Yo también lo pienso. Yo también quiero hacer más. Yo también, como todos vosotros, quería una ley de educación sexual, una baja por maternidad de un año, quería muchas cosas.

Pero gobernar es mucho más que conseguir eso. Gobernar es sacar adelante un país, un país en el que hay muchas sensibilidades y todas ellas están representadas en el Parlamento, y con todas hay que negociar, ceder o estar firme, dependiendo del momento. Gobernar es tomar decisiones. Y a veces un gran gobernante tiene que tomar decisiones que no le gustan. Y es verdad que gobernar es difícil, que no siempre se consigue lo que se quiere, pero no es menos cierto que cada día de gobierno se puede hacer mucho más para mejorar la vida de muchas más personas que de cualquier otra manera.

Por eso lo que os pido no es que me votéis a mí mañana frente a Lucero porque lo voy a hacer mejor. Yo lo que necesito es que os dejéis la piel en la próxima campaña de las elecciones generales porque, sea quien sea el candidato laborista, necesitamos una mayoría fuerte, que nos permita llevar a cabo nuestro proyecto.

No es una cuestión de nombres, no es una cuestión de imagen, no es una cuestión de liderazgo. Es una cuestión de lo que vosotros, como laboristas, podéis hacer por vuestro país. Ya sabéis cuál es mi programa. Si queréis que lo llevemos a cabo, no necesito que me votéis mañana. Necesito que arrasemos dentro de tres meses. Y lo vamos a conseguir. Con vuestra ayuda lo vamos a conseguir. Vamos a construir ese país en el que nadie lo pase mal. Vais a construirlo vosotros. Apostando mañana por mí estaréis apostando por ese camino. Os necesito. España os necesita. Muchas gracias.

La ovación retumbó en todo el edificio. Siete mil personas a las que de repente les habían hablado con humildad, con sinceridad y, al mismo tiempo, con ilusión y energía no podían parar de aplaudir. Les habían llamado a construir grandes proyectos y estaban dispuestos a hacerlo.

En la segunda fila, al lado de la mesa de uno de los técnicos de sonido, su asesesora Cristina también aplaudía con ganas. Su jefe había dicho exactamente lo que ella le había dicho que tenía que decir.

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¿Y ahora qué? noviembre 22, 2011

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Antes de volver a los temas habituales de este blog, unas últimas reflexiones construidas sobre la resaca del 20N. Me ha salido un post muy largo, pero si alguien es capaz de leerlo hasta el final, son muy bienvenidos los comentarios. Hay que empezar a pensar.

Quiénes somos

Creo que ya no hay izquierda y derecha como las solíamos entender. Como he hablado con bastante gente últimamente, es una falacia pensar en la política actual en términos de lucha de clases. Gente de clase media-alta llora la derrota del PSOE mientras trabajadores sin cualificación y en paro celebran la victoria del PP. Debemos olvidarnos de esa clásica distinción.

Tampoco creo que la diferencia se deba a que unos quieren avanzar, hacer cambios, progresar, y los otros quedarse como están, conservar las tradiciones, no cambiar. El PP ha ganado estas elecciones apostando por “el cambio”, y ahora el colmo de la progresía es mantener las esencias de las tradiciones folclóricas regionales. Y aunque aquí derecha e iglesia y tradición vayan de la mano, la economía liberal de la derecha que nos ha llevado al borde del abismo es de todo menos conservadora.

Con estos razonamientos, parece uno tentado de decir que derecha e izquierda no existen, pero algo en lo profundo del corazón me dice que es mentira. La derecha y la izquierda “no son lo mismo”, como rezaba el eslogan electoral de Rubalcaba. Claro que, ¿en qué se diferencian?

El pensador estadounidense George Lakoff establecía la diferencia en la concepción de la familia: algo así como que el padre estricto, que prepara a sus hijos para progresar en una sociedad dura, sería la derecha, y el padre proveedor, que cuida a sus hijos para que vayan creciendo en una sociedad colaborativa, la izquierda.

Sin necesidad de metáforas familiares, para mí la diferencia entre izquierda y derecha es clara. La izquierda cree en el grupo, en la comunidad, y por tanto redistribuye esfuerzos para que avance todo el grupo, sin dejar a nadie atrás. No hace falta negar la individualidad, pero debe progresar el conjunto para que al individuo le vaya bien. En el otro extremo está la derecha. Aunque estoy tentada de decir que son más egoístas o que son malos, en realidad no lo creo. Opino que simplemente creen que la forma de mejorar es distinta. Pienso que la derecha cree más en la capacidad de arrastre de los individuos. Si uno despunta, tirará, más o menos, de los demás. Con lo cual la forma de que al final la situación mejore es impulsar a unos pocos.

Me parece que, incluso pensando (espero que no sea mucho suponer) que ambos quieren al final lo mismo (el progreso de todos) es más justa la primera de las posiciones, porque hay menos riesgo de dejar colgado a alguien, de que si no consigues tu máximo no haya gente que se quede atrás.

Adónde vamos

Establecido, por tanto, que la izquierda existe y que es más justa, y por eso mi apuesta, la siguiente pregunta es ¿por qué se ha descalabrado en las últimas elecciones? En primer lugar hay que reconocer que hay muchas más izquierdas que la representada por el PSOE y que muchas de ellas crecieron el 20N. El problema es que sólo hay prácticamente una derecha, así que, si queremos que la izquierda tenga capacidad de influir en nuestras vidas, capacidad de Gobierno, yo apuesto por un partido de izquierdas fuerte con capacidad de ganarle las elecciones al partido único de la derecha, y no por 20 minipartidos que lo único que harán son buenos eslóganes cuando una vez cada dos meses les permitan salir en el telediario.

Para que esa afirmación no sea una “aberración bipartidista”, debe ir acompañada de dos premisas:

· La primera, que el PSOE vuelva a conectar con la gente, se abra, baje del pedestal, mire a lo que la gente necesita ahora y deje de mirar a su pasado y de dar las cosas por supuestas.
· La segunda premisa es que las personas que se consideran de izquierdas renuncien a los máximos. A todos nos gustaría que toda la energía de España fuera no contaminante, pero si tienes que gobernar y aprobar las tarifas de la luz y hacer convenios energéticos con otros países y alimentar a la cuenca minera, no puedes prometerlo. Ahora, que si sabes positivamente que jamás tendrás que tomar esa decisión, claro que puedes ponerlo como punto fundamental de un programa electoral. Pero creo que los electores deben ser responsables y saber qué se puede y no se puede hacer, y que desde el punto de vista de la izquierda siempre será mejor un gobierno que pone un “bono social” aunque su energía contamine que otro que contamina igualmente pero sin bono social, por ejemplo.

Cómo andar ese camino

Comencé diciendo que la lucha de clases ya no existe. Otros leit motiv de la izquierda, como la defensa a ultranza de los trabajadores públicos o la lucha sindical son cosas que calan en sus colectivos clásicos, pero que al común de la ciudadanía creo que en realidad no le importan. Estoy segura de que muchísimos padres agradecen como una garantía de igualdad de oportunidades y un importante beneficio social poder llevar a sus niños a un colegio concertado verdaderamente gratuito, y la defensa de la escuela pública les parece una anécdota de progres trasnochados. Y puede que no les falte razón. Pero ¿podría abrir el PSOE este debate?

En la actualidad, no lo creo. En el minuto uno que alguien propusiera en la Ejecutiva o donde correspondiera algo así, tres correligionarios de los que lucharon contra Franco irían indignados a contárselo a su periodista de cabecera, de la misma generación, que titularía algo así como “El PSOE abandona a la escuela pública” lo cual pondría nerviosos a los sindicatos, funcionarios y bases clásicas hasta que, tres días después, el secretario general pusiera paz diciendo “tranquilos, el PSOE no se plantea promocionar la escuela concertada” (aunque la crearan ellos).

Pero el debate es necesario. No sé si en concreto éste u otro similar, pero lo que está claro es que la sociedad no tiene las mismas prioridades de los que lucharon contra Franco. Los que no recuerdan a Franco ya tienen 40 años, y los que ahora somos treintañeros directamente nacimos con la democracia. Nuestros miedos y nuestros anhelos son distintos y el PSOE se tiene que enterar. ¿Cómo?

Plan estratégico

El PSOE es una organización con decenas de miles de socios, miles de trabajadores, tanto voluntarios como asalariados, importantes bienes inmuebles y presupuestos millonarios. Me pregunto si tiene, como cualquier compañía de esa dimensión, un plan estratégico. Porque no se trata sólo de ganar elecciones, se trata de ser una organización potente. Una maquinaria engrasada de la que vive mucha gente y que cada dos años tiene que rendir cuentas ante votantes, como otras compañías lo hacen ante sus accionistas o los inversores.

¿Han hecho un análisis de sus Amenazas, Fortalezas y Oportunidades como organización, no de cara a unas elecciones concretas? ¿Tienen establecido un plan de marketing por objetivos a largo plazo? Las conclusiones de su última conferencia política, ¿son sólo declaraciones de intenciones ideológicas y base para sucesivos programas electorales o incluyen también su plan estratégico para el desarrollo de la organización como tal?

Suena frío contarlo como si se tratara de una empresa, pero tratar la gestión interna de manera eficiente no debe hacer de menos a la ideología. Una cosa es lo que defiendes y otra cosa es cómo te organizas para poder defenderlo. No hay mayor labor social que la que desarrollan las grandes ONG, y ninguna serían ni la mitad de lo que son sin una gestión profesional y unos buenos equipos de marketing y captación de fondos. ¿Por qué eso está todavía mal visto en los partidos políticos?

Y todo esto lo digo porque, en una organización, el primer paso para construir todo lo demás es la captación de socios, y siempre me he preguntado una cosa: ¿Qué hace el PSOE por la captación de socios? He estado toda la vida rodeada por miembros y simpatizantes de ese partido y nunca llegué a afiliarme porque veía las agrupaciones como clubs cerrados en los que yo estaba fuera de lugar.

¿Por qué Telefónica, que sólo vende líneas de teléfono, gasta ingentes cantidades de energía en que te sientas parte del “equipo azul” y un partido que realmente te está vendiendo pertenencia activa a un grupo, a la sociedad, no tiene esa prioridad?

Tenemos todo el tiempo del mundo para repensar el PSOE, así que mi apuesta es que, para empezar, el PSOE tiene que centrarse en la captación de socios. Tiene que abrir una campaña de marketing brutal, con anuncios de televisión incluidos, eventos ex profeso y jornadas de puertas abiertas, para captar afiliados (sugiero a Sra. Rushmore, cuyos anuncios para la captación de socios del Atlético de Madrid serían fácilmente adaptables en estos momentos).

Como me comentaba uno de mis lectores habituales, es hora de abandonar el “modelo heroico” de militancia, hacerla más banal y accesible.

Eso cuesta dinero, pero si realmente se consigue incrementar los socios de cuota puede compensar y, sobre todo, abriría el partido a la sociedad. Serían todo beneficios, especialmente para la imagen del partido, que mostraría que se acuerda de sus votantes también fuera de las elecciones. Asimismo, se reforzaría el sentimiento de pertenencia para los desencantados, llenaría el partido de sangre fresca y contribuiría al prestigio de marca puesto que sería una campaña sólo para eso, no para pedir el voto como las habituales.

Masa crítica

Una clásica queja de los afiliados de base es que “el aparato” sólo les usa para rellenar mítines, y no cuenta con ellos para nada más. El aparato no es sólo Ferraz, el aparato es también los que manejan el cotarro en cada agrupación local. Pero si de repente una agrupación pasa de tener 300 afiliados, de los cuales 30 van a las reuniones, a tener 3.000, ¿cómo va a conseguir el aparato local de turno seguir manejando la agrupación, si sólo cuenta con sus 20 votos seguros de siempre?

El 15M (y los actuales anuncios de Telefónica, por cierto) ha demostrado que a la gente le encanta participar en asambleas. No se puede gobernar un país con asambleas, pero sí una agrupación local. En el fondo, todo ese potencial del 15M podría aprovecharse muy bien si conseguimos seducirles para que sus opiniones sirvan para alimentar de ideas a un partido, y no sólo para organizar manifestaciones.

Así, de abajo arriba, pero no porque se quita a la familia A para poner a la familia B sino porque hay tanta gente que es difícil identificar familias, el partido sería renovado. Pero lo que es más importante, habría masa crítica para encontrar nuevos líderes.

En la actualidad, los partidos políticos están mal vistos por una inmensa mayoría de los ciudadanos. Incluso gente activa que vota en las elecciones, ven a los afiliados como gente que se mete en el partido para conseguir un puesto, un trabajo. Y no falta razón si tenemos en cuenta la proporción de puestos de trabajo que se mueven alrededor de la política y la gestión administrativa: puestos remunerados en el partido, concejalías, asesorías, diputaciones, diputados, senadores… Y todo esto hay que cubrirlo sólo con en torno a los 360.000 socialistas de carné.No es de extrañar que la gente piense que estar en un partido tiene fines más allá de los que supone estar en una ONG, cuando en el fondo para mí son la misma cosa: organizaciones sin fines de lucro pero bien estructuradas cuyo objetivo es hacer la vida mejor a los demás.

Pero si el PSOE consiguiera dos millones y medio de afiliados en lugar de los 360.000 miembros con carné actuales, sería obvio que estar en el PSOE no supone en absoluto posibilidad de mejorar tus perspectivas laborales. Nadie sospecharía de los afiliados, los potenciales chorizos que se meten en un partido para medrar se desanimarían y habría una masa crítica mucho mayor para encontrar a los verdaderamente adecuados para cubrir esos necesarios puestos remunerados en el partido, concejalías, asesorías, diputaciones, diputados, senadores…

En definitiva, creo que la solución es esa: no abrir el PSOE a la sociedad, sino meter a la sociedad en el PSOE a través de centrar los esfuerzos de los próximos años en la captación de socios como haría cualquier gran compañía. Y sólo entonces, dentro de algunos años, con nuevas ideas, nuevas inquietudes, nueva gente, tendría sentido un verdadero congreso fundacional en el que el PSOE elija su nuevo camino, el camino de la socialdemocracia en el siglo XXI. En ese camino habrá que renunciar a muchas cosas que hoy pensamos irrenunciables, pero habrá habido tanto debate y tanta gente nueva en el PSOE que los nervios de tres viejos miembros de ejecutiva hablando con la prensa no lo podrían frustrar. El PSOE ya cambió de rumbo una vez, con Felipe. Puede volverlo a hacer, pero con otra gente.

Eso no quiere decir que crea que los actuales miembros del partido no pueden mejorarlo. Tienen la difícil tarea de poner el procedimiento en marcha, priorizar las afiliaciones y la participación social dentro del PSOE, para que los hijos de sus acciones puedan repudiarlos dentro de unos años. ¿Qué mayor generosidad puede haber que esa?

Metrópolis y las conclusiones de mi reflexión noviembre 19, 2011

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Llevo en mi iPhone, entre otras muchas canciones, la banda sonora que Giorgio Moroder produjo para su restauración de Metrópolis de 1984. Cada vez que suena Destruction de Loverboy visualizo claramente las imágenes, azuladas en la versión de Moroder, de la masa enfurecida descargando sus frustraciones contra una organización de la vida que explota y maltrata a los trabajadores. La rabia que les provoca esa sociedad injusta les impulsa hacia un psicológicamente liberador ánimo destructor que les impide darse cuenta de que con sus acciones no sólo están destruyendo sus medios de subsistencia, sino anegando sus hogares y ahogando a sus hijos.

Cuando esta mañana ha sonado Destruction mientras leía en el metro los comentarios en twitter en que reflexivos votantes pedían el voto para los pequeños partidos emergentes de izquierdas “para que el PSOE aprenda la lección” las dos escenas se han mezclado en mi pensamiento. Con todo lo que el PSOE necesita una profunda reflexión, ¿no es anegar nuestros hogares escarmentarles entregando una mayoría absolutísima a los conservadores defensores de la economía liberal justo en el momento en que más fuerza necesita tener la sociedad y el estado del bienestar frente al apetito insaciable de los poderes económicos?

Es cierto que en Metropolis, al final, tanta destrucción conduce a que surja el necesario mediador entre explotados y explotadores que, es de esperar, permita mitigar las diferencias. Pero no es más que una película de la que su propio director, Fritz Lang, acabó distanciándose por contener un mensaje “demasiado simplista” (y según muchos próximo al nazismo aunque, sinceramente, yo no acabo de ver por qué). Un escarmiento del PSOE lo único que conseguirá es que el PP esté crecidísimo y pueda hacer y deshacer sin pactar ni con su padre. Por no decir que la probable guerra fratricida que se abrirá en el PSOE si se hunde electoralmente lo alejará de las posibilidades de gobernar durante bastantes legislaturas.

Cuando los que mañana voten a la “verdadera izquierda” salgan a la calle en la primera manifestación contra el PP, no por los recortes (que serían necesarios gobernase quien gobernase) sino para protestar por la restricción de otros derechos sin coste como los matrimonios para todo tipo de parejas o la posibilidad de que la mujer disponga de su propio cuerpo para decidir si gestar o no un óvulo fecundado, espero que se acuerden de lo puros que fueron y estén orgullosos de sí mismos.

Ídeología y corazón noviembre 9, 2011

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La ideología está tan difuminada que este vídeo del PP bien podría valerle a cualqueir otro partido

El día del debate entre Rajoy y Rubalcaba, Muy interesante difundió en twitter un estudio que sostiene que las personas de derechas y de izquierdas desarrollan distintas zonas del cerebro. Los científicos explicaban que las personas de derechas tienen mayor la parte dedicada al control de las emociones (la amígdala), y las de izquierdas la de la toma de decisiones y la anticipación (la corteza cingulada anterior), según habían comprobado con resonancias magnéticas. Cuando lo leí no pude evitar preguntarme una cosa: al hacer el estudio, ¿cómo sabían quién era de derechas y quién de izquierdas?

Y es que esto de la ideología está cada vez más difuminado, aunque gran parte de la campaña de Rubalcaba se centre en recordar que existe la izquierda y la derecha, y que, sabiendo esto, hay que pelear por lo que se quiere. Defensa sorprendentemente compatible con que otros partidos minoritarios dedique parte de sus esfuerzos a decir que el PSOE es la derecha…

En los vídeos de propaganda electoral que los partidos emiten gratuitamente hay uno en el que aparecen gentes sosteniendo en la calle distintos carteles reivindicativos que dicen cosas como “quiero un empleo estable”, “una educación de calidad para nuestros hijos”, “que gobiernen para todos”, “igualdad real de oportunidades”, “que aseguren mi pensión”, “que tener un hijo no sea un problema laboral”… Los adjetivos “de calidad” y “real”, deberían haberme puesto sobre aviso, pero lo cierto es que estaba distraída y cuando concluyó con el “Súmate al cambio, vota PP” pegué un respingo en el sofá. La derecha ha fagocitado como mensajes prioritarios (los de un spot de 60 segundos) ideas que siempre consideré propias de la socialdemocracia.

No es de extrañar. Son buenas ideas. Pero esto significa que el PSOE no puede quedarse dormido. Si la defensa de la igualdad de oportunidades y de los derechos ciudadanos ya no son su patrimonio ¿qué puede ofrecer? Podemos pensar que la derecha miente, que es sólo de boquilla, pero no creo que eso dure mucho tiempo. La derecha se está dando cuenta (más en otros países que en España, pero todo llegará) que cosas como el respeto por los homosexuales o la igualdad real de hombres y mujeres no cuestan dinero y pueden dar sufragios (ahí está la recientemente elegida líder conservadora escocesa, abiertamente lesbiana) y que la igualdad de oportunidades es buena para la economía, por ejemplo.

Sé que siguen siendo cosas distintas, y no será mi acción u omisión la que facilite que gobierne el PP, pero en estos momentos me lo pide más mi corazón que mi cerebro. Debe decirlo también el cerebro si queremos que alguien más que aquellos que tenemos el corazón o la corteza cingulada anterior superdesarrollados apuesten por el PSOE.

Para conseguirlo hay que mirar hacia delante. Reconozcámoslo: la socialdemocracia ya ha ganado. El PP ha comprado el mensaje. Ahora sus listas están llenas de mujeres, piden igualdad real de oportunidades, ¡hasta van a poner una asignatura de Educación para la Ciudadanía! (aunque cambiarán los temarios). En lugar de celebrarlo estamos despistados diciendo que no, que el PP lo dice de mentirijillas. Jugando a los juegos de palabras: la Educación “para todos” es mía, pero la “de calidad” tuya. Basta. Dime qué significa para los individuos y las sociedades la Educación y cuál debe ser su objetivo y ya pensaremos cómo hacerlo posible. Quiero que me den el cristal con el que mirar el mundo a mi alrededor, no las fotos fijas de sus reflejos en los puntos de los que llevamos hablando un siglo. ¿Cómo resolver desde la socialdemocracia del siglo XIX los problemas del siglo XXI? ¿Cómo se compatibilizan la justicia social y la dignidad humana con la economía de multinacionales y mercados globales? Ahí hay mucho que pensar…

Mi tesis es esta, ahora que es obvio que el PSOE va a tener 4, 8 o 12 años para pensar sobre sí mismo: dejemos de lamernos las heridas y de pensar en las palabras que usamos y volvamos a dar sentido simplemente a la palabra progresista. Tenemos que buscar los objetivos de nuestra sociedad primero y las maneras para llevarlos a cabo después. Si encontramos la receta adecuada ya nos copiarán dentro de 20 años y habremos vuelto a ganar, gobierne quien gobierne.

Lo que no podemos volver a permitir es que seamos nosotros los que compremos su mensaje sin darnos cuenta, como ha pasado con la gestión de la salida de la crisis. ¿Desde cuándo es de izquierdas plegarse al mandato de los banqueros e inversores?

PD. Prometo volver pronto a hablar de series de televisión y otras frivolidades, pero es que la campaña electoral me tiene un poco distraída…