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¿Y ahora qué? noviembre 22, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Política.
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Antes de volver a los temas habituales de este blog, unas últimas reflexiones construidas sobre la resaca del 20N. Me ha salido un post muy largo, pero si alguien es capaz de leerlo hasta el final, son muy bienvenidos los comentarios. Hay que empezar a pensar.

Quiénes somos

Creo que ya no hay izquierda y derecha como las solíamos entender. Como he hablado con bastante gente últimamente, es una falacia pensar en la política actual en términos de lucha de clases. Gente de clase media-alta llora la derrota del PSOE mientras trabajadores sin cualificación y en paro celebran la victoria del PP. Debemos olvidarnos de esa clásica distinción.

Tampoco creo que la diferencia se deba a que unos quieren avanzar, hacer cambios, progresar, y los otros quedarse como están, conservar las tradiciones, no cambiar. El PP ha ganado estas elecciones apostando por “el cambio”, y ahora el colmo de la progresía es mantener las esencias de las tradiciones folclóricas regionales. Y aunque aquí derecha e iglesia y tradición vayan de la mano, la economía liberal de la derecha que nos ha llevado al borde del abismo es de todo menos conservadora.

Con estos razonamientos, parece uno tentado de decir que derecha e izquierda no existen, pero algo en lo profundo del corazón me dice que es mentira. La derecha y la izquierda “no son lo mismo”, como rezaba el eslogan electoral de Rubalcaba. Claro que, ¿en qué se diferencian?

El pensador estadounidense George Lakoff establecía la diferencia en la concepción de la familia: algo así como que el padre estricto, que prepara a sus hijos para progresar en una sociedad dura, sería la derecha, y el padre proveedor, que cuida a sus hijos para que vayan creciendo en una sociedad colaborativa, la izquierda.

Sin necesidad de metáforas familiares, para mí la diferencia entre izquierda y derecha es clara. La izquierda cree en el grupo, en la comunidad, y por tanto redistribuye esfuerzos para que avance todo el grupo, sin dejar a nadie atrás. No hace falta negar la individualidad, pero debe progresar el conjunto para que al individuo le vaya bien. En el otro extremo está la derecha. Aunque estoy tentada de decir que son más egoístas o que son malos, en realidad no lo creo. Opino que simplemente creen que la forma de mejorar es distinta. Pienso que la derecha cree más en la capacidad de arrastre de los individuos. Si uno despunta, tirará, más o menos, de los demás. Con lo cual la forma de que al final la situación mejore es impulsar a unos pocos.

Me parece que, incluso pensando (espero que no sea mucho suponer) que ambos quieren al final lo mismo (el progreso de todos) es más justa la primera de las posiciones, porque hay menos riesgo de dejar colgado a alguien, de que si no consigues tu máximo no haya gente que se quede atrás.

Adónde vamos

Establecido, por tanto, que la izquierda existe y que es más justa, y por eso mi apuesta, la siguiente pregunta es ¿por qué se ha descalabrado en las últimas elecciones? En primer lugar hay que reconocer que hay muchas más izquierdas que la representada por el PSOE y que muchas de ellas crecieron el 20N. El problema es que sólo hay prácticamente una derecha, así que, si queremos que la izquierda tenga capacidad de influir en nuestras vidas, capacidad de Gobierno, yo apuesto por un partido de izquierdas fuerte con capacidad de ganarle las elecciones al partido único de la derecha, y no por 20 minipartidos que lo único que harán son buenos eslóganes cuando una vez cada dos meses les permitan salir en el telediario.

Para que esa afirmación no sea una “aberración bipartidista”, debe ir acompañada de dos premisas:

· La primera, que el PSOE vuelva a conectar con la gente, se abra, baje del pedestal, mire a lo que la gente necesita ahora y deje de mirar a su pasado y de dar las cosas por supuestas.
· La segunda premisa es que las personas que se consideran de izquierdas renuncien a los máximos. A todos nos gustaría que toda la energía de España fuera no contaminante, pero si tienes que gobernar y aprobar las tarifas de la luz y hacer convenios energéticos con otros países y alimentar a la cuenca minera, no puedes prometerlo. Ahora, que si sabes positivamente que jamás tendrás que tomar esa decisión, claro que puedes ponerlo como punto fundamental de un programa electoral. Pero creo que los electores deben ser responsables y saber qué se puede y no se puede hacer, y que desde el punto de vista de la izquierda siempre será mejor un gobierno que pone un “bono social” aunque su energía contamine que otro que contamina igualmente pero sin bono social, por ejemplo.

Cómo andar ese camino

Comencé diciendo que la lucha de clases ya no existe. Otros leit motiv de la izquierda, como la defensa a ultranza de los trabajadores públicos o la lucha sindical son cosas que calan en sus colectivos clásicos, pero que al común de la ciudadanía creo que en realidad no le importan. Estoy segura de que muchísimos padres agradecen como una garantía de igualdad de oportunidades y un importante beneficio social poder llevar a sus niños a un colegio concertado verdaderamente gratuito, y la defensa de la escuela pública les parece una anécdota de progres trasnochados. Y puede que no les falte razón. Pero ¿podría abrir el PSOE este debate?

En la actualidad, no lo creo. En el minuto uno que alguien propusiera en la Ejecutiva o donde correspondiera algo así, tres correligionarios de los que lucharon contra Franco irían indignados a contárselo a su periodista de cabecera, de la misma generación, que titularía algo así como “El PSOE abandona a la escuela pública” lo cual pondría nerviosos a los sindicatos, funcionarios y bases clásicas hasta que, tres días después, el secretario general pusiera paz diciendo “tranquilos, el PSOE no se plantea promocionar la escuela concertada” (aunque la crearan ellos).

Pero el debate es necesario. No sé si en concreto éste u otro similar, pero lo que está claro es que la sociedad no tiene las mismas prioridades de los que lucharon contra Franco. Los que no recuerdan a Franco ya tienen 40 años, y los que ahora somos treintañeros directamente nacimos con la democracia. Nuestros miedos y nuestros anhelos son distintos y el PSOE se tiene que enterar. ¿Cómo?

Plan estratégico

El PSOE es una organización con decenas de miles de socios, miles de trabajadores, tanto voluntarios como asalariados, importantes bienes inmuebles y presupuestos millonarios. Me pregunto si tiene, como cualquier compañía de esa dimensión, un plan estratégico. Porque no se trata sólo de ganar elecciones, se trata de ser una organización potente. Una maquinaria engrasada de la que vive mucha gente y que cada dos años tiene que rendir cuentas ante votantes, como otras compañías lo hacen ante sus accionistas o los inversores.

¿Han hecho un análisis de sus Amenazas, Fortalezas y Oportunidades como organización, no de cara a unas elecciones concretas? ¿Tienen establecido un plan de marketing por objetivos a largo plazo? Las conclusiones de su última conferencia política, ¿son sólo declaraciones de intenciones ideológicas y base para sucesivos programas electorales o incluyen también su plan estratégico para el desarrollo de la organización como tal?

Suena frío contarlo como si se tratara de una empresa, pero tratar la gestión interna de manera eficiente no debe hacer de menos a la ideología. Una cosa es lo que defiendes y otra cosa es cómo te organizas para poder defenderlo. No hay mayor labor social que la que desarrollan las grandes ONG, y ninguna serían ni la mitad de lo que son sin una gestión profesional y unos buenos equipos de marketing y captación de fondos. ¿Por qué eso está todavía mal visto en los partidos políticos?

Y todo esto lo digo porque, en una organización, el primer paso para construir todo lo demás es la captación de socios, y siempre me he preguntado una cosa: ¿Qué hace el PSOE por la captación de socios? He estado toda la vida rodeada por miembros y simpatizantes de ese partido y nunca llegué a afiliarme porque veía las agrupaciones como clubs cerrados en los que yo estaba fuera de lugar.

¿Por qué Telefónica, que sólo vende líneas de teléfono, gasta ingentes cantidades de energía en que te sientas parte del “equipo azul” y un partido que realmente te está vendiendo pertenencia activa a un grupo, a la sociedad, no tiene esa prioridad?

Tenemos todo el tiempo del mundo para repensar el PSOE, así que mi apuesta es que, para empezar, el PSOE tiene que centrarse en la captación de socios. Tiene que abrir una campaña de marketing brutal, con anuncios de televisión incluidos, eventos ex profeso y jornadas de puertas abiertas, para captar afiliados (sugiero a Sra. Rushmore, cuyos anuncios para la captación de socios del Atlético de Madrid serían fácilmente adaptables en estos momentos).

Como me comentaba uno de mis lectores habituales, es hora de abandonar el “modelo heroico” de militancia, hacerla más banal y accesible.

Eso cuesta dinero, pero si realmente se consigue incrementar los socios de cuota puede compensar y, sobre todo, abriría el partido a la sociedad. Serían todo beneficios, especialmente para la imagen del partido, que mostraría que se acuerda de sus votantes también fuera de las elecciones. Asimismo, se reforzaría el sentimiento de pertenencia para los desencantados, llenaría el partido de sangre fresca y contribuiría al prestigio de marca puesto que sería una campaña sólo para eso, no para pedir el voto como las habituales.

Masa crítica

Una clásica queja de los afiliados de base es que “el aparato” sólo les usa para rellenar mítines, y no cuenta con ellos para nada más. El aparato no es sólo Ferraz, el aparato es también los que manejan el cotarro en cada agrupación local. Pero si de repente una agrupación pasa de tener 300 afiliados, de los cuales 30 van a las reuniones, a tener 3.000, ¿cómo va a conseguir el aparato local de turno seguir manejando la agrupación, si sólo cuenta con sus 20 votos seguros de siempre?

El 15M (y los actuales anuncios de Telefónica, por cierto) ha demostrado que a la gente le encanta participar en asambleas. No se puede gobernar un país con asambleas, pero sí una agrupación local. En el fondo, todo ese potencial del 15M podría aprovecharse muy bien si conseguimos seducirles para que sus opiniones sirvan para alimentar de ideas a un partido, y no sólo para organizar manifestaciones.

Así, de abajo arriba, pero no porque se quita a la familia A para poner a la familia B sino porque hay tanta gente que es difícil identificar familias, el partido sería renovado. Pero lo que es más importante, habría masa crítica para encontrar nuevos líderes.

En la actualidad, los partidos políticos están mal vistos por una inmensa mayoría de los ciudadanos. Incluso gente activa que vota en las elecciones, ven a los afiliados como gente que se mete en el partido para conseguir un puesto, un trabajo. Y no falta razón si tenemos en cuenta la proporción de puestos de trabajo que se mueven alrededor de la política y la gestión administrativa: puestos remunerados en el partido, concejalías, asesorías, diputaciones, diputados, senadores… Y todo esto hay que cubrirlo sólo con en torno a los 360.000 socialistas de carné.No es de extrañar que la gente piense que estar en un partido tiene fines más allá de los que supone estar en una ONG, cuando en el fondo para mí son la misma cosa: organizaciones sin fines de lucro pero bien estructuradas cuyo objetivo es hacer la vida mejor a los demás.

Pero si el PSOE consiguiera dos millones y medio de afiliados en lugar de los 360.000 miembros con carné actuales, sería obvio que estar en el PSOE no supone en absoluto posibilidad de mejorar tus perspectivas laborales. Nadie sospecharía de los afiliados, los potenciales chorizos que se meten en un partido para medrar se desanimarían y habría una masa crítica mucho mayor para encontrar a los verdaderamente adecuados para cubrir esos necesarios puestos remunerados en el partido, concejalías, asesorías, diputaciones, diputados, senadores…

En definitiva, creo que la solución es esa: no abrir el PSOE a la sociedad, sino meter a la sociedad en el PSOE a través de centrar los esfuerzos de los próximos años en la captación de socios como haría cualquier gran compañía. Y sólo entonces, dentro de algunos años, con nuevas ideas, nuevas inquietudes, nueva gente, tendría sentido un verdadero congreso fundacional en el que el PSOE elija su nuevo camino, el camino de la socialdemocracia en el siglo XXI. En ese camino habrá que renunciar a muchas cosas que hoy pensamos irrenunciables, pero habrá habido tanto debate y tanta gente nueva en el PSOE que los nervios de tres viejos miembros de ejecutiva hablando con la prensa no lo podrían frustrar. El PSOE ya cambió de rumbo una vez, con Felipe. Puede volverlo a hacer, pero con otra gente.

Eso no quiere decir que crea que los actuales miembros del partido no pueden mejorarlo. Tienen la difícil tarea de poner el procedimiento en marcha, priorizar las afiliaciones y la participación social dentro del PSOE, para que los hijos de sus acciones puedan repudiarlos dentro de unos años. ¿Qué mayor generosidad puede haber que esa?