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Malcolm Tucker, Sir Humphry y Leo McGarry octubre 6, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Política, Series de televisión.
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Series de televisión, política y comunicación. Tres de los temas que considero “mis pequeñas obsesiones” a las que dedico este blog. Algún día tenía que escribir un post que uniera claramente las tres cosas.

Hace unos días mencionaba la película In The Loop y El Ala Oeste de la Casa Blanca para introducir una reflexión sobre política y medios a raíz de ver la serie sobre periodistas State of Play. Acabo de retirar ese párrafo para traerlo a este post. He visto las tres temporadas existentes de The Thick Of It, la serie de la que surge In The Loop, y he decidido dedicar este post a la que he decidido que es, hasta el momento, La Trilogía de series sobre política y sus interioridades: “Yes, Minister” (y su continuación “Yes, Prime Minister”); “The West Wing” y “The Thick Of It”. Ha habido otras, como la “Señora Presidenta” de Geena Davis, pero no es lo mismo.

Hace un par de años la película In the Loop me hizo reír por los cuatro costados: toma el ambiente “gabinetero” del Ala Oeste de la Casa Blanca y quítale el idealismo, el compañerismo, las personas extremadamente inteligentes y extremadamente nobles y el devenir de las cosas como consecuencia de estrategias planificadas y consensuadas. Obtendrás la comedia ácida In the Loop y la explicación de cómo los británicos acabaron en la Guerra de Irak, a base de chapuzas y estrecheces de miras. Su serie madre, The Thick of It, es mucho mejor. Es aún más mordaz, más ácida, y me ha encantado. El personaje de Malcolm Tucker, claramente reflejo del polémico asesor de prensa de Tony Blair Alistair Campbell, es maravilloso.

Creo que The Thick of It no se entendería si, años antes, la BBC no hubiera emitido Yes, Minister, otra obra maestra de la que ya he hablado en este blog. Es curioso cómo en la serie de los ochenta era el funcionariado, representado por el secretario permanente (¿Subsecretario?) Sir Humphrey, quien mantenía paralizada la acción de los ministros y en a década del 2000 son sus propios directores de comunicación, los spin doctors, quienes impiden a los políticos preocuparse de hacer, realmente, política. Interesante un comentario antiguo, de la época de la dimisión de Campbell, que he encontrado en la web sobre este tema.

Vistas estas dos series, mi adorada El Ala Oeste pienso ahora que se me queda algo corta: ¡sus problemas son demasiado elevados! No se preocupan por si recortar el presupuesto de un hospital sin pacientes les supondría una huelga de funcionarios que paralizaría el país o por si decir a un periodista que el primer ministro es el “mejor hombre para el puesto” se traduce en que todos los medios empiecen a informar de que una mujer se postula como candidata, sino que se preocupan por temas profundos como la paz entre Israel y Palestina o la pena de muerte. En el Ala Oeste el jefe tiene de verdad poder, y la mano oculta que maneja los hilos no es su enemigo (Sir Humphrey o Malcolm Tucker) sino realmente la mano derecha del presidente, el leal, inteligente y gris Leo McGarry. ¿Es realista? ¿Lo permite el presidencialismo estadounidense, o es realmente una representación absolutamente idealizada? ¿Cuánto hay de verdad en el Ala Oeste? ¿Deberíamos mezclar las tres series para tener un reflejo de la política real? Como dice un ex ministro en uno de los contenidos extra de los DVD de The Thick Of It: la política es un poco mezcla de las tres junto con East Enders (un famosísimo y longevo culebrón británico).

Hay un diálogo genial de The Thick of It sobre esta mezcla de realidades: Hablan Nicola, la Ministra de Ciudadanía y Asuntos Sociales (Dios mío, ¿alguien de Moncloa había visto esta serie cuando crearon el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte?) y su asesor Ollie. En el hotel donde se celebra la convención del partido tratan de escribir en minutos un nuevo discurso para la ministra después de que el asesor de comunicación / jefe de gabinete del primer ministro les reventara lo que tenían preparado. Ella está de los nervios y él, en el fondo, está disfrutando el subidón de adrenalina. “¡Esto es política! ¡es como El Ala Oeste!”, le dice, y ella le responde “no eres Josh, Olly, simplemente escribe el jodido discurso!”. Al final Olly se queda murmurando, derrotado, “I fucking am Josh…”. Ese diálogo me pareció tan real… Porque una cosa es cierta: no sé si El Ala Oeste refleja bien la realidad, pero sí tengo claro, por los muchos gabineteros fans que he conocido, que a la realidad le gustaría parecerse al Ala Oeste.

Por cierto, y por poner los puntos sobre las íes, los discursos en The West Wing no los escribía Josh, sino que lo hacían Toby y Sam. 😉

Yes, Minister junio 21, 2011

Posted by mispequenasobsesiones in Series de televisión.
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“Es milagroso que “Sí, Ministro” alcanzara el éxito. Si lo piensas, se trata de tres hombres mayores hablando del Gobierno. Sin acción, sin mujeres, sin sexo. Ya sabes… No sé cómo llegó a funcionar”. Quien así se expresa, con mucha razón, en los contenidos extra del DVD de la mencionada serie es Jonathan Lynn, cocreador, junto con Anthony Jay, de Sí, Ministro y su secuela Sí, Primer Ministro, auténticos éxitos de la BBC en los años 80.

Ahora que tan en duda se pone la calidad de la democracia y tanto se desprecia la “clase política”, no creo que una serie así tuviera el mismo éxito, pero para alguien que aún cree que la mayoría de los políticos se meten en ello para hacer cosas que consideran que se deben hacer, aunque muchas veces no lo consigan, la serie es una delicia. Satírica y cínica, pero deliciosa.

Otra de las cosas que creo (defensora de las causas perdidas e impopulares) es en el valor del imprescindible trabajo de los servidores públicos. Pienso que una cosa es liderar, decirle a la Administración hacia dónde tiene que ir (políticos), y otra es ejecutar esa política, asesorar, ofrecer las distintas opciones, buscar las soluciones de cómo llegar a ese objetivo genérico y que la administración funcione (funcionarios), aunque la falta de cultura política hace que hoy la gente mezcle las dos cosas (en esta línea, ya me quejé el pasado abril en este mismo blog de que en este país confundamos lo que es un político y lo que es un alto funcionario, por ejemplo cuando se piden “ministros expertos”).

Sobre estas dos patas del Gobierno, políticos y funcionarios, trata Sí, Ministro. Pienso que a mí me ha encantado porque entiendo muy bien de lo que habla (y me río con cariño) pero al mismo tiempo creo que es una serie que también les puede encantar a los que desprecian tanto a políticos como a funcionarios, puesto que ninguno sale bien parado… Y es que el argumento de “la serie preferida de la dama de hierro”, como reza la publicidad de la caja, trata de las tensiones entre el ministro de asuntos administrativos, Jim Hacker, y el secretario permanente del Ministerio (como nuestros subsecretarios pero puramente funcionarios, sin nombramientos políticos como en España), Sir Humphrey. El objetivo del inseguro ministro es reducir la burocracia y hacer cosas (y mantenerse en el cargo) y el del inteligente Sir Humphrey es evitar que el ministro haga nada que cambie siglos de “eficiente” trabajo de la administración. El tercero en discordia es el secretario personal del ministro, Bernard, funcionario que nada entre dos aguas.

Con estos mimbres se construyeron entre 1980 y 1982 tres temporadas de una sitcom teatral graciosísima de agudos diálogos y complicados enredos. En un especial de Navidad en 1984 Hacker llegó a primer ministro, preparándose así el terreno para Yes, Prime Minister, emitida en el 86-87. En la actualidad, el teatro Apollo de Londres acoge la obra de teatro Yes, Prime Minister, escrita ex profeso para las tablas por Jonathan Lynn y Anthony Jay y que iré a ver este verano (motivo por el cual he visto la serie y he escrito este post, por cierto).

Dicho todo esto, para acabar de explicar esta serie lo mejor es reproducir alguno de sus diálogos:

Hacker a su mujer: La oposición no es realmente la oposición. Sólo son el Gobierno en el exilio. El funcionariado son la oposición interna.

[Sobre cómo orientar a los ministros para tomar las decisiones correctas]
Sir Humphrey: Si quieres estar realmente seguro de que el Ministro no lo acepta, debes decir que la decisión es “valiente”.
Bernard: Y eso es peor que la “polémica”?
Sir Humphrey: Oh, sí! “Polémica” sólo significa “esto va a hacerle perder votos”. “Valiente”, significa “esto le va a hacer perder las elecciones!”

Sir Humphrey: Bernard, los ministros no deben saber más de lo que necesitan saber. Así no pueden decírselo a nadie. Al igual que los agentes secretos, que podrían ser capturados y torturados.
Bernard: ¿Quiere decir por los terroristas?
Sir Humphrey: ¡por la BBC, Bernard!

Hacker: ¡Eres un cínico Humphrey!
Sir Humphrey: Un cínico es lo que un idealista llama a un realista.

Sir Humphrey: Mi trabajo es llevar a cabo la política del gobierno.
Hacker: ¿Incluso si piensa que está mal?
Sir Humphrey: Bueno, casi toda la política del gobierno está mal, pero… ¡tremendamente bien ejecutada!

Y un largo etcétera…